jueves, diciembre 23, 2004

La fascinación por la violencia

El terror y la violencia siempre han sido temas recurrentes de la mitología ,el teatro, la literatura, etc…No es algo nuevo, no se trata de un fenómeno contemporáneo que se haya filtrado a través del cine y los videojuegos que tan preocupados tienen a los padres y educadores. Los césares romanos ofrecían espectáculos sádicos donde los esclavos acababan siendo brutalmente atacados y devorados por los leones en un gesto de pulgar. De la misma forma, las ejecuciones públicas eran del agrado del pueblo, y cientos de personas, tanto adultos como niños, se agolpaban en las plazas para contemplar el macabro evento y ver morir al reo. La horca, el garrote vil, la guillotina, eran métodos de aniquilamiento que si bien resultaban rápidos no por ello dejaban de ser cruentos y la sangre salpicaba el escenario de una manera escandalosa. Por no hablar de los sofisticados instrumentos de tortura con los que se pretendía arrancar confesiones a los sospechosos de brujeria,con nombres tan espeluznantes e ilustrativos como la garra de gato, el aplastacabezas, el desgarrador de senos, la pera oral, rectal o vaginal, y la Doncella de Hierro, una especie de ataúd de metal con forma antropomórfica cuyo interior estaba formado por pinchos que atravesaban el cuerpo pero sin afectar a los órganos vitales, para asegurar así una muerte lenta y dolorosa.
Decir que hemos erradicado estos salvajes métodos sería engañarnos a nosotros mismo. Si bien parece haber aminorado la barbarie, a través de la televisión hemos podido observar las vejaciones y torturas a la que siguen sometidos los presos, especialmente en aquellos países que se encuentran en conflicto bélico.
Hoy en día nos declaramos abiertamente pacifistas, nos movemos a favor de los derechos humanos, nos solidarizamos con las víctimas de la injusticia de los salvajes y abogamos por la desaparición de la pena de muerte, mostrando nuestra indignación por las torturas y las masacres que tienen lugar en países conflictivos e incluso por las situaciones de violencia y maltrato que tienen lugar en la intimidad de los hogares.
Sin embargo, el nivel de tolerancia que mostramos ante la violencia televisiva, especialmente los más pequeños, empieza a ser preocupante. La televisión nos ofrece diariamente imágenes de catástrofes, sucesos espeluznantes, crímenes de guerra, atrocidades varias salpicadas de documentos demasiado gráficos. De hecho, comemos y cenamos mientras visionamos esta ensaladilla catódica de vísceras y pólvora tranquilamente, casi sin inmutarnos, con total normalidad. También es un mecanismo de defensa ante la continua barbarie, aunque principalmente se deba a un proceso de desensibilización.
No solo la pequeña pantalla nos ofrece dosis considerables de violencia, el cine y ciertos videojuegos también aportan su granito de arena y deberíamos plantearnos a que obedece este fenómeno. Nos olvidamos con frecuencia del efecto pernicioso que los mensajes de violencia causan en los menos capacitados para usar la crítica como filtro, o sea, los niños, los deficientes mentales y las personas con rasgos psicopáticos y psicóticos. El fenómeno denominado “triggering”es muy significativo. Sucede cuando un individuo (mentalmente perturbado) se excita con una imagen violenta y acto seguido, se dispara su agresividad, y en un impulso incontrolable la excitación sufrida le lleva a cometer un acto violento. Pero no nos alarmemos, se trata de casos aislados protagonizados por personas con rasgos psicóticos y/o esquizoides. Recordemos por ejemplo el macabro suceso acontecido en Murcia, donde un joven obsesionado con un video-juego(“Final Fantasy”) acabó con la vida de sus padres y de su hermana deficiente mental decapitándolos con una catana. El caso del asesinato de Clara García fue especialmente grotesco al haber sido protagonizado por dos chicas, de quince años. La engañaron para llevarla a un descampado y allí la acuchillaron salvajemente. Cuando confesaron el crimen, alegaron que lo habían hecho “para saber que se siente al matar a alguien”. Las dos pequeñas psicópatas eran niñas retraídas, feas, obsesionadas por la magia negra, y marginadas por el resto de sus compañeros, que las calificaban de “raras, siniestras y estúpidas”.
Sandra Palo fue cruelmente violada, torturada, quemada viva con un euro de gasolina y atropellada varias veces por tres individuos de raza gitana, dos de ellos menores. Los esfuerzos de los padres de Sandra en colaboración con otros afectados por camibar la ley del menor y aplicar penas más duras todavía no han obtenido recompensa.
El temperamento de estos jóvenes serial-killer potenciales se caracteriza por un elevado grado de impulsividad, acompañado de una búsqueda incesante de sensaciones fuertes, ausencia de miedo y remordimientos y una incapacidad innata de ponerse en el lugar del otro. Algunos no distinguen entre la ruptura de una norma social (p.ej. saltarse una clase) y la transgresión de una norma moral (pegarle una bofetada a un compañero)
El golpeo catódico continuado altera la personalidad del niño, especialmente si padece desequilibrios mentales, desfigurando la perspectiva de la realidad y devaluando el valor de la vida. Muchos de estos crímenes cometidos por menores o niños poseen un cierto carácter lúdico, y los perpetradores no son del todo conscientes de la irreversibilidad de la muerte.