miércoles, julio 02, 2008

Monstruos en el sótano

La última vez que enseñé a alguien los monstruos de mi sótano, me entregué al sueño sollozante y borracha. Con ese llanto hiposo de niña de tres años que todavía se mete el dedo en la boca. A la mañana siguiente, me trajo un vaso de agua y se metió en la ducha lo que me parecieron horas. El ruido del agua me impidió seguir durmiendo. La almohada estaba manchada de rimel negro, y toda yo estaba empapada por el infortunio. Callada hubiera estado más guapa, seguro.
En ese momento me habría largado de allí sin hacer ruido, como un gatito que ha arañado los sillones y teme represalias. Desafortunadamente, el ser humano no puede comunicarse telepáticamente, y una puede interpretar el silencio de múltiples maneras.
Yo, por si acaso, me pongo en lo peor.

Te pueden pasar varias cosas cuando descubres a alguien los monstruos que guardas en el sótano. La mayoría de las veces reina un incómodo silencio, la empatía puede dar lugar al abrazo, a la lástima, incluso a la ira o la vergüenza. Cuando el abismo te devuelve la mirada tus sentimientos pueden oscilar entre la repulsión y la ternura.
Con el tiempo se puede dar paso a los reproches, pero nadie puede reprocharte cargar con un engendro de por vida que tú no has elegido. La naturaleza es caprichosa e injusta, la vida también. A las personas hay que quererlas tal y como son, con sus luces y sus sombras, con sus monstruos, con sus cicatrices de guerra, con sus manías y sus miedos.
Eso si eliges querer. ..

De todos modos, el sentimiento de culpa ya lo tienes clavado en el pecho, como una medalla al deshonor. Sabes que aunque cierres la puerta con siete llaves, ellos siguen allí, y la gente es curiosa, y pregunta cuando escucha ruidos… Tarde o temprano los descubrirían, por tanto, es mejor que tú mismo los guíes despacito, para que no se asusten. Ya te han visto desnuda, ahora tienes que desvelarles aquello que guardas con mayor pudor, mostrarles el siniestro habitáculo donde se retuercen gimiendo tus criaturas.
Puede suceder que se enamoren de ti para siempre y de una manera loca. Entonces él, o ella, se lleva a sus propios monstruitos a tu sótano, para que jueguen juntos y se olviden de molestar. En principio la mudanza parece una buena idea, pero puede que un día descubrais que no podeis dormir con tanto escándalo allí abajo...
Lo que un día os unió, otro día puede separaros. No lo olvideis jamás. Los monstruos son impredecibles, pueden escapar tirando la puerta abajo, colarse por cualquier rendija y saltar sobre ti en cualquier momento. Nunca se está a salvo.

Pero a estas alturas, eso no me importa lo más mínimo, porque además de un sótano lleno de monstruos, tengo una bonita terraza, amplia y luminosa, con piscina, donde siempre hace sol cuando es de día, donde siempre es verano, donde siempre es domingo, donde siempre hay risas marialuisas, y donde podemos tomar un daiquiri tras otro esperando la noche. Olor a jazmín. Canciones que te parten el alma.
Para entrar a vivir.

6 comentarios:

El Hombre Confuso dijo...

Ay, cuanto puritano masquista hay suelto por el mundo!! Mira que es fácil, si algo no te gusta, no lo mires!!

Descansa del fotolog una temporadica, así volverás con más ganas!!

Como va la expo?? Yo voy hasta los topes de curro y no tengo nada de tiempo. Menos mal que aún estará unas semanas!!

Ah! Objetivamente, sale más guapo que en todas sus películas!! jajajaja. ;)

Un besazo enorme Ana!!!

Steam Monkey dijo...

Me encanta la depurada forma de utilizar las metáforas en este artículo.

"La naturaleza es caprichosa e injusta" Ahí estamos.

Vane dijo...

yo quiero una terraza con sol como la tuya!!!

Besossss

Anónimo dijo...

dices cosas tan ciertas con palabras tan sencillas y metáforas tan apropiadas que...me partes el corazón y me lo remiendas al mismo tiempo

Amantis PeligRosas dijo...

Te amamos!!!


*Amantis Reina*

Eva Cristina Mesas Escobar dijo...

Yo escondía mis monstruos en el fondo del armario, en la mesita de noche y debajo de la cama. era muy molesto cuando alguien venía a casa el tener que dar una patadita cuando te dabas cuenta que intentaban asomar la cabeza.

Un día descubrí que la intimidad solo ocurre cuando en un descuido dejas de preocuparte por esconderlos.

Que bonito es sacarlos a pasear, aunque sólo sea de vez en cuando.


Un besito niña hiposa, te leo siempre. ;)