miércoles, julio 04, 2007

Cuentos presumidos

Primera entrega de mi serie "Cuentos presumidos": relatos de terror sobre niñas bonitas que perecen víctimas de su propia vanidad.

La pequeña Escarlata tenía demasiada prisa por hacerse mayor. Consideraba que los juegos propios de su edad eran para niñas tontas, y ella se creía muy lista.
Su mamá le compraba revistas con bonitos dibujos de animales para colorear, pero ella les arrancaba las hojas con furia, no sin antes llenarlas de pintarrajos. Tenía todos los caprichos que una niña de diez años podría desear, y aún así, no era feliz, y en su egoísmo, hacía todo lo posible por hacer patente su descontento, mediante travesuras y pataletas. Tenía un afán desmedido por maquillar a sus muñecas, lo cuál no hubiera molestado demasiado a su madre si no hubiera echado a perder su colección de muñecas de porcelana por culpa de los estrambóticos “make-up”, que la niña perpetraba con sus rotuladores permanentes.
Hacía tiempo que había pedido a sus padres que le regalaran un maletín de maquillaje “de verdad”, pero estos consideraron que era un regalo poco apropiado para su edad, y desde entonces, todo eran rabietas e insultos. Era imposible de controlar.

Desde pequeñita, Escarlata se sentía fascinada por el parsimonioso ritual de maquillaje que ejecutaba su madre a diario, y era, además, consciente, de las miradas de admiración y deseo que despertaba a su paso cuando la llevaba al colegio. Miradas que deseaba que algún día no muy lejano pudieran dedicarle a ella, a pesar de levantar apenas cuatro palmos del suelo. Quería ser mayor para poder coquetear.
Con frecuencia desplegaba sus “armas de seducción” con algún que otro vecino adolescente, a los que instaba a mirarle debajo de la falda, pero ni siquiera lograba que se ruborizaran con su atrevimiento. Por lo general, lo que conseguía con sus tempranas provocaciones infantiles eran únicamente risas y cierto estupor. Sólo tenía diez años y ya deseaba que la miraran con otros ojos.
-Anda, niñata descarada, vete a dar la lata a otra parte con tus majaderías-
-

Escarlata observaba a su madre sin perder detalle todas las mañanas, sentada en una esquina de la bañera. Presenciaba deleitada y maravillada todo aquel desfile de potingues, cremas, polvos y coloretes, que culminaban en…¡oooh, el pintalabios!.
Y es que aquel pintalabios dotado de un color rubí intenso que enmarcaba su boca tornándola húmeda, jugosa y deslumbrante tenía algo muy especial, tan especial como extrañamente siniestro.

Se trataba de una barra de labios “exclusiva”, que sólo podía adquirirse en una pequeña boutique de cosméticos situada detrás de su casa, regentada por una señora extranjera que vendía a su vez todo tipo de ungüentos para beneficio de las diferentes “dolencias” femeninas, tanto del cuerpo como del alma. Aceites revitalizantes , perfumes exóticos, fórmulas magistrales para combatir la depresión, la apatía o el extinto vigor del esposo, y algún que otro discreto elixir tóxico para las que tenían prisa por heredar.

En realidad más que una boutique, parecía una farmacia, y sin duda, el producto estrella eran aquellas carísimas barras de labios cuya fórmula secreta, como por encantamiento, rejuvenecía y otorgaba una sensualidad nunca vista a los labios de aquellas que lo probaban. Labios espectaculares, que al instante llamaban a la lujuria y al beso en una trampa de terciopelo y de gloss, toda una demoniaca gama de rojos intensos, bermellones, granates…, que de alguna manera alteraron el sosiego y la paz de aquel pequeño pueblo.

Las más ancianas del lugar, al igual que las mujeres de fe y de misa diaria, se persignaban nerviosas al pasar por aquella tienda, como si hubieran visto al mismo Satanás, ya que tenían a la dueña por bruja. Y no era para menos, porque muchas de ellas habían perdido a sus maridos en brazos de lascivas muchachas de labios rojos como carbones encendidos, o bien habían visto descarriarse a sus hijas adolescentes, o desaparecer para siempre subidas en la furgoneta de algún extraño.
Escarlata, sin embargo, no tenía ningún miedo, y se pasaba horas mirando a través del cristal, de puntillas, observando las idas y venidas de todo tipo de mujeres, envueltas en diferentes perfumes. Casi todas parecían señoritas de vida licenciosa, o bien lo acababan pareciendo en la segunda visita. Las faldas se acortaban, los escotes exhibían sus turgencias si ningún pudor, los cabellos se liberaban de horquillas y los labios…ay los labios… Los labios se mostraban jugosos como frutas abiertas, pero a la vez, retadores y letales como flores carnívoras . Escuchaba las estruendosas risas de las muchachas en el interior, y sus conversaciones, tan subidas de tono que en ocasiones la hacían sonrojar. La pequeña Escarlata deseaba con todas sus fuerzas poseer una de esas preciadas barritas de labios, y ya que su madre hacía tiempo que guardaba sus afeites bajo llave, cansada de sorprenderla en el baño pintada como una meretriz barriobajera.
Así que decidió que no tenía más opción que robarla…
Una aciaga tarde se acercó a la boutique, con paso decidido, y entró con sigilo… La dueña, una bellísima mujer de mediana edad con el cabello ensortijado recogido en un imposible tocado, simuló no haberse percatado de su presencia, mientras atendía a dos señoras que habían venido a comprar un preparado “energético” para maridos poco complacientes.
Cuando se marcharon aquellas dos, cerró la puerta con llave, con la niña dentro y bajó las persianas.
- ¿Buscabas algo, pequeña? Eres bonita, muy bonita- le dijo, con una voz melosa y maternal.- Si bajas conmigo al sótano, quizá pueda darte lo que estás buscando-
Nunca más se supo.
La búsqueda de la niña duró semanas, meses, los padres, angustiados, sembraron las calles de carteles con su foto, en vano. Antes que ella, habían desaparecido otras niñas del lugar, sin dejar ningún rastro.
A su mamá la invadió una pesada tristeza, y dejó de comer, de arreglarse, de dormir, aquello supuso su muerte en vida. Fueron unos meses terribles, de incansable búsqueda, y aunque nunca asumieron su pérdida ni se dieron por vencidos, poco a poco su vida ordinaria volvió a la normalidad .
Un día la mamá volvió a comer, a dormir, a vestirse de forma coqueta, a peinarse, a maquillarse, y adquirió en la pequeña boutique otra barra de labios, muchísimo más cara, y de un color escarlata tan radiante e intenso como la sangre de los inocentes….

Cuál fue su sorpresa cuando, al deslizar aquel unte por sus labios, y paladear un intenso y familiar sabor, su boca se torció en una horrible mueca de amargura y horror.
Había encontrado a su hija.

11 comentarios:

Steam Monkey dijo...

Bonito, bonito.

Aciago destino esperaba a esa Lolita.

apneica dijo...

esta vez blancanieves acaba de forma distinta... la bruja mala sin saberlo se unta a la princesa...
que buen despliegue de sensualidad, frivolidad y sorpresa..

un saludo a todas las que tienen madres que las matarían para seguir siendo hermosas

Ramon Ramos dijo...

La de cosas que deben contener los productos de belleza. Algo parecido a la fórmula de la Coca-Cola. Igual algún día nos llevamos una escabrosa sorpresa. Buen relato ;-)

Anónimo dijo...

Hola;muy bueno el cuento.Lo único,leí en tu perfil q eres 0+ y te autodefines donante universal;no es así;los donantes universales son los 0-;precisamente pq no tienen ninguno de los 2 tipos de anticuerpos.Tú puedes donar a los q sean +;como le dobes a alguien q sea del tipo -,apaga y vámonos...un saludo

ana elena pena dijo...

ops! gracias por la aclaración! la verdad es que tenía mis dudas....

PRU dijo...

bonito cuento, hahaha... la única duda que me queda, desde mi ignorancia masculina, es: ¿cómo sabe una madre el sabor que tienen sus hijos?

besos sin pintalabios ;)

ana elena pena dijo...

licencia poética...es un cuento de tinte fantástico!
lo sabe...

Tito Tijeras dijo...

Un cuento divino!!! Me ha encantado. Lo ha escrito tu? No te sabia tan diestra en el maejo de las palabras

ana elena pena dijo...

sip, el texto y las ilustraciones son mías. Aún me falta manejo del photoshop pero...

manuel dijo...

Me encanta el cuento.

Las ilustraciones imagino que tb son tuyas...

Flipo contigo!
y claro, cada día soy más fan...

Un beso.

Man_POP

iria dijo...

yo también, qué bien escribes!!!!!