miércoles, julio 06, 2005

El desamor escuece

EL DESAMOR ESCUECE- Por Rosa Montero
Conozco a una chica de 20 años que se pasó el fin de semana esperando a que él la llamara y él no llamó nunca. La vi el lunes taciturna y furibunda, aplastada por la gravedad de la vida: es notable lo que aumenta el peso de la existencia cuando el desamor te ha hincado el diente. Si tu amado no te ama (si tu amada te ignora), el futuro te parece tan gris como una tarde de tormenta. Días interminables, meses aburridísimos, una vida sin sentido. Porque el amor es una droga, y todo drogadicto cree que no puede sobrevivir sin la sustancia a la que está enganchado. Por eso a mi amiga se le había apagado el mundo aquel lunes funesto: nada existe, nada palpita, nada brilla si no te miran los ojos que tú quieres que te miren de la manera en que quieres ser mirado.
El desamor abrasa. Sobretodo al principio, sobretodo si tienes 20 años. Porque entonces te llegas a creer que tus pasiones son auténticas fuerzas de la naturaleza, tan ajenas a tu voluntad como los oscuros planetas que cruzan el arco del cielo. Y así, cuando eres joven, crees que tu amado es irremplazable, que no hay otro ser en el mundo tan maravillosos ni tan atractivo. Que nunca podrás amar a nadie de ese modo.
Luego pasan los años, las parejas, los enamoramientos fulminantes, los desencantos. Se te va poblando la memoria de pasiones apagadas y aprendes a relativizar tus sentimientos: sabes, por ejemplo, que el amor que estás perdiendo no es el único, y que tal vez ni siquiera es amor. Pero, aún así el desamor escuece: el dolor está en su naturaleza, es corrosivo. Tiene, como la lejía, un ardor frío.
Y así, esperas esa llamada telefónica que nunca llega y rabias. Esperas la palabra justa que el otro no pronuncia y te desesperas. Esperas un milagro final; que él, o ella, se comporten de una manera distinta a como siempre son, o lo que es lo mismo, que sean otros. Pero él, o ella, suelen manifestar una mezquina y empecinada tendencia a seguir siendo como son y a no convertirse en el amado ideal que uno busca y desea. Y entonces uno se deprime, se acongoja y se abruma. Te duelen las yemas de los dedos del ansia de tocar, no ya el cuerpo esquivo de tu amado, sino más bien su alma: porque quieres atrapar ese espejismo de amor que se te escapa. Pero es como encerrar una voluta de humo en una jaula: cuando el desamor te ha hincado el diente, suele comerte entera. Eso también se aprende con los años.
Quise decirle aquel lunes a mi amiga tan joven y tan triste que, con el tiempo, el mundo vuelve a pintarse de colores y a recobrar su brillo. Pero no abrí la boca, porque pensé que me daría la razón como se la daría a un loco y que su corazón no me creería. Pude decirle también que hay un desamor más cruel y doloroso que el que te dejen de querer: cuando sientes que el brillo de la pasión se va apagando, que la hoguera se convierte en una brasa. Amaste, lo sabes porque tu memoria te lo dice, pero tus sentimientos no lo recuerdan. Miras las viejas fotos de los primeros días de tu pasión, y no te reconoces en esa sonrisa, en esa emoción de sentirse juntos, en esa intensidad de bien quererse. ¿de verdad te palpitaba el corazón, se te nublaba la vista, perdías el aliento cuando le veías? Donde ayer hubo un horno y el resplandor de un sol hoy hay una polvareda de cenizas.
Quizá habéis vivido juntos durante años; quizá tienes hijos con él o has comprado una casa con ella. Le quieres como se quiere a la familia: con un cariño acostumbrado. Pero en algún minuto de esa travesía temporal que habéis hecho en la vida tú has perdido el contacto con el otro. La mayoría de las veces no es cuestión de culpas, sino de desencuentros; la otra deja de ser la esposa que soñaste, el otro ya no encarna a tu pareja ideal. O más bien es cosa tuya: eres tú quien ha dejado de poner en el otro la ilusión del amor. Los pequeños rencores, las pequeñas disputas, las soledades medianas y los grandes malentendidos: toda esa basurilla que te echa encima, en suma, la abrasadora convivencia puede agotar en ti el enamoramiento que antaño sentiste. Porque el amor, por mucho que mi amiga veinteañera crea ahora, en su despecho, lo contrario, es una planta delicada y débil, a la que hay que regar con mucho tiento para que no se seque.
Duele el desamor, pues, tanto si no te aman como si tú no amas. Pero cuando aprieta el desaliento y te arde la despellejada piel del alma de un desamor reciente, conviene pensar algunas consideraciones que también pude hacerle a mi amiga y no le hice. Primero, que uno no puede pasar por la vida sin mancharse y sin herirse, y que todo lo importante tiene un precio: y así, el dolor del desamor (y atreverse a afrontarlo) es el precio de tu capacidad de amar y de esa intensidad gloriosa, vida pura, que la pasión te ofrece. Segundo, que en todas las rupturas se aprende algo. Y tercero, que el amor no está en el otro, sino en ti mismo: si una vez amaste, lo volverás a hacer. Y siendo más sabio.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

En este artículo Rosa Montero logra "hincarnos el diente" en nuestra vulnerabilidad. De más está decir que su escritura es impecable y fascina la maestría con que elabora su discurso. En mi opinión el golpe contundente está en la siguiente oración: "Pude decirle también que hay un desamor más cruel y doloroso que el de que te dejen de querer: cuando sientes que el brillo de la pasión se va apagando, que la hoguera se convierte en una brasa." En el contraste del amor juvenil "taciturno y furibundo" la mayor parte del tiempo; nos confronta al amor de la adultez, hecho de la hoguera de los recuerdos y la certeza de las cenizas. Esto es un texto obligado en cualquier salón y lo recomiendo tanto a los jóvenes de 20 años como a los no tan jóvenes que pueden ver su vida reflejada en sus notas. Lo interesante de todo es que, sin ser moralista es un artículo que puede constituirse en agente de cambio.

kireineko dijo...

muy bueno tu comentario que dificil es sobreponerse a todo esto por mas joven que seas o mas viejo igual el dolor es el mismo, y cuando es verdadero nunca pasa siempre se queda ahi

Anónimo dijo...

Me ha encantado este artículo de Rosa Montero. Refleja perfectamente el desamor.
Estoy de acuerdo con kireineko cuando dice que el amor es el mismo y duele igual a los 18 que a los 40. Pienso que lo que cambia es la forma de afrontarlo, tanto el amor como sobre todo el desamor. Ya sabes, que has pasado por esas etapas antes, ya sabes que no eres la única persona que está en esa situación, ya no te hundes en tu "miseria" porque reconoces en otras personas el mismo sentimiento.
Así, que sólo sigues con tu vida a la espera de la siguiente fase; cuando un día ves que todo se esfumó y ya no sientes nada. Y es más, no te importan las razones por las que se terminó. Y lo único que te produce tu viejo amor es la total y absoluta indiferencia.
Ahí, estoy yo, esperando la indiferencia.

ordinryjoe dijo...

Me enamoré de Rosa Montero el día que le´que este artículo en El País. Creo que nadie ha sabido plasmar de forma tan acertada lo que duele esto de que la persona que amas te ignore. Me encanta haber encontrado a alguien que esta " poesía" le haya removido las tripas como a mi. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Bueno al fin y al cabo uno siempre termina dolido, siempre va haber alguien que te lastime, por que yo lo eh vivido. Siempre uno va a tener que vivir la vida como si nada hubiera pasado.En este mundo las cosas son tan grande que al fin y al cabo terminas encontrandote con esa persona que te lastimo y hay es que vienen los rencores y le recuerdas a esa persona te acuerdas cuando me lastimastes me pintastes todo color de rosas, me prometistes nunca lastimarme pero lo hicistes sufri por ti perdi mis esperanzas de volverme a enamorar, pero al fin y al cabo llego alguien mejor que el, pero siempre en la vida uno sufre por el desamor y estaq historia me recuerda a mi cuando una amiga mia trato de alludarme y tomo esta historia mi realidad.

Anónimo dijo...

Me paso a mi recientemente y estoy pasando por la etapa peor!!! Triste,apagada,con un desamor que no se lo deseo a nadie en este mundo.Unas ganas de llorar,de correr y buscarlo y preguntar por que?????Pero ya se su respuesta por que todo para el es culpa mia el cual yo se que no lo es.Que no hice nada malo,lo unico que hice fue sin darme cuenta dejarme manipular.Eso tambien duele!!

Mary Ludeña dijo...

Sin duda llega directamente a las venas este poema, duele profundamente pero tambien nos brinda consuelo, el de muchos, el que dice "asi es la vida". Ahora aprende a manejar las cenizas que dejan los años de matrimonio, los casados asesinaron a los novios se pusieron sus pieles y ahora son familia. hay que aceptarlo o algo se podría inventar?

karely flota dijo...

Plasmo todo lo que duele,soy una mujer de veinte la cual espero asi mensajes que nunca llegaron..
Al final de la lectura senti como algo termino de quebrarse aunque desde el principio ya se encontraba asi sin embargo me ayudo a entender mientras las cenizas de un cigarro y un amargo cafe se mezclaban con una depuracion de alma, lagrimas que me ayudaron...
Gracias
Att: Y.L