
Te invito a un helado, o a una mamada, total, viene a ser lo mismo...


Luchas por mantener el equilibrio, y evitas a toda costa dejarte caer porque no sabes si habrá una red que amortigüe la caída. O unos brazos que te digan "shhh, no ha pasado nada" . Y si la hubiera, y si los hubieran, tampoco estás seguro de si serán los bastante fuertes como para aguantar tu peso. Y no sólo tu peso, sino el peso de todo aquello que tienes sobre la cabeza y que te dificulta la llegada al otro extremo de la cuerda. No sabes ni siquiera qué o quién te espera abajo.

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A través del espejo, espejo a través...::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::...
Qué aburrida es la vida sin magia.

De repente te encuentras desbordada, no sabes cómo sacar de tu casa toda esa inmundicia, pero lo peor ¿o lo mejor? es que te has acostumbrado a ella. Tu cabeza es un enorme cajón desastre donde se agolpan las palabras que tanto te dolieron, las preguntas que nunca fueron contestadas, las desilusiones, las fotos descoloridas de los que no están y todo tipo de contratiempos, angustias, momentos de vergüenza, desvelos y recuerdos ingratos.
Ella se regalaba. Continuamente, a cualquiera. A cualquiera que le dijera “bonita”, a cualquiera que se detuviera a mirarla, a cualquiera que se la llevara de la mano, a cualquiera que se tomara la molestia de desanudar el lazo rojo que usaba como único vestido….
Desnuda y atada por aquel enorme lazo, como un paquete sin abrir, como una sorpresa de carne hambrienta, así se aventuraba a las calles. Andaba despacio, con los ojos muy abiertos, suplicantes. Buscaba desesperadamente un dueño, porque ella hacía tiempo que había dejado de ser dueña de sí misma.
Regalaba sus abrazos, sus besos, su saliva, sus humedades, regalaba su boca siempre dispuesta, regalaba cientos de gemidos, regalaba las palabras que todos querían oír. Se regalaba sin esperar que le dieran nada a cambio. Todos sus orificios eran brutalmente desvirgados una y otra vez, día tras día, noche tras noche, hasta el momento en que, decidida a ser amada de otras formas, se los cosió con un grueso hilo, como si fuera una muñeca de trapo. Sus amantes enloquecieron, no era bastante con acariciarla, con morderla, tenían que arrancarle los ojos para eyacular en sus cuencas, sorberle los sesos, desmembrarla y comérsela con mermelada. Ella disfrutaba alimentando el deseo, pero para cuando se llegó a dar cuenta, era una pequeña carcasa tirada en mitad de la acera.
Mutilada, hueca, pero extrañamente feliz.
FIN
Por favor, no dejen de visionar este video una y otra vez.
Si no saben volar, pierden el tiempo conmigo.
La última vez que enseñé a alguien los monstruos de mi sótano, me entregué al sueño sollozante y borracha. Con ese llanto hiposo de niña de tres años que todavía se mete el dedo en la boca. A la mañana siguiente, me trajo un vaso de agua y se metió en la ducha lo que me parecieron horas. El ruido del agua me impidió seguir durmiendo. La almohada estaba manchada de rimel negro, y toda yo estaba empapada por el infortunio. Callada hubiera estado más guapa, seguro.
