sábado, febrero 19, 2005

¡Cómo está el ser-vicio!

El del fotolog, por supuesto. Hoy me han tenido que renovar desde Barcelona, aquí en Valencia no se ve nada de nada. Así que me mudo al blog hasta que lleguen tiempos mejores.
Esto es lo último en llaveros, mini-muñecos hinchables, para él y para ella, for her, for him. Para los muy necesitados de amor y otras urgencias de carácter más profano. Y por supuesto, morfológicamente tan espantosos como los barateros "high-size".


Las que tienen que servir

jueves, febrero 17, 2005

miércoles, febrero 16, 2005

Sección relaxxx


"Antes de que una devastadora piorrea socavara mis encías yo era un joven apuesto, pero altivo y engreído. Esta terrible desgracia me hizo al fin y al cabo, crecer como persona, pues comprendí que llevaba una vida tope superficial, o sea. Ahora he aprendido a cultivar mi belleza interior, y me he hecho un alargamiento de pene gracias al cual puedo subsanar otras carencias que a la vista están. Me gustaría que me escribiesen señoritas liberales, exentas de todo tipo de pudor y enemigas del recato. No para amistad, sino para una óptima coyunta, para una cópula sin freno, es decir, para follar, y sin excusas de ningún tipo. Que en ocasiones, las cosas de la jodienda, no hay quien las entienda..."

lunes, febrero 14, 2005

Más fotos concierto 12febrero


Y por supuesto,todo natural, nada de siliconasssss, menos el pepino que era de plástico del barato!

Mi go-gó adoptivo, la chochoni.

domingo, febrero 13, 2005

Fotos Loco Club festorrón ligre

Insulina and the Ponny Girls

Insulina tomando un baño de masas

Anapena and Chochoni ready for "Ensalada de pepino en colegio femenino"


"Mi marido me peggga lo normal"

jueves, febrero 10, 2005

barbies garrulas

En esta web venden Barbies embarazadas (y alcoholizadas), que si les aprietas la barriguita, piden cerveza (y doble, porque beben por dos!!)
www.trailertrashdolls.com

sábado, febrero 05, 2005

másss fotos





más fotos del viernes4febrero en LÁTEX

jijijiji

con Noel de Vanity Bear ¿o era beer?jajajaja

no se si cantando o bostezando

latex party

Con Putita y Cristinita Percances

con la Percances


Vanity Bear & Joslu


miércoles, febrero 02, 2005

animalitos y animaladas

Hoy vamos a hablar del uso de animales muertos en el arte de vanguardia. A lo largo de la historia podemos encontrar interesantes referentes clásicos que tienen su mérito más bien en la representación, como el “Buey faenado” de Rembrandt (1640), y más tarde el “Buey desollado” de Chaim Soutine, (1929) y el de Delacroix, en claro homenaje a este primero, entre otros muchos pintores que encontraron en la muerte la pieza clave de su inspiración, retratando no sólo piezas de matadero, sino también mártires agonizantes en éxtasis, atravesados por flechas como el glorioso San Sebastián, cabezas amputadas de mirada ausente, como la de San Juan Bautista reposando en bandeja de plata bajo la mirada perversa de una Salomé triunfante, lanzas atravesando los pechos ya sin vida de personajes históricos, y así un largo etcétera de representaciones de crímenes, muertos y no tan muertos que pueblan nuestra imaginería tanto religiosa como profana.
La representación de actos truculentos, encubierta bajo la excusa de mostrar crímenes históricos y con el objeto de aleccionar moralmente o mostrar las hazañas de nuestros héroes, ha sido una constante a lo largo de la historia de la pintura, y es una prueba tangible de la fascinación del hombre por la violencia. Claro, que una cosa es representar el cadáver y otra utilizarlo directamente. La materia muerta tiene tanto de abyecta como de sagrada en nuestra cultura occidental, trátese de humanos o de animales domésticos. Ahí radica la diferencia, y con ellos llegó el escándalo. Como ya hemos dicho en la introducción, no son todos los que están pero si están todos los que son, que, en este caso, son muchísimos más, los que trabajan con residuos animales, que los que lo hacen con personas, entre otras muchas cosas por la facilidad para encontrar el “género,” y porque los debates y controversias éticas y morales que suscitan son de menor (o ninguna)gravedad. Todos hemos tenido animales muertos, o partes de ellos en nuestras neveras, en nuestros congeladores. Las cabecitas degolladas de los corderitos nos miran con ojos inquisidores desde el escaparate de las carnicerías,los langostinos nos suplican-“llevadme a caaaasa”- los tiernos lechoncillos destripados parecen dormir tranquilos sobre el mostrador, los brillantes y rosados conejos desollados no miran el reloj con prisa como aquel de Alicia en el país de las Maravillas, “Llego tarde, llego tarde…!, los pollos y codornices desplumados aguardan su turno, como todos los que esperan allí… No saben lo que les deparará el futuro, quizá una rica paella, un guiso de la abuelita, unas empanadillas, una barbacoa como la de Giorgie Dann, con sus choricitos parrilleros…o, quien sabe, quizá les sorprenda la fama, quince minutos de gloria, o más….
Quizá,la sala de exposiciones, el dudoso honor de ser convertidos en carne de museo (literalmente). Pero no hay que olvidar en ningún momento que el asunto cambia bastante cuando se trata de animales domésticos, como perros y gatos, por su proximidad afectiva al hombre. Aunque estas preferencias varían en respuesta a cuestiones culturales(en la India son sagradas las vacas y en China se comen a los canes.) En nuestra sociedad occidental el tabú se cierne en torno a los considerados animales de compañía (perros, gatos y aves mas o menos exóticas)que conviven con nosotros entregándonos un cariño incondicional basado en un principio de naturaleza empática, y que en ocasiones son un sustituto razonable de las relaciones humanas, más complejas pero a la vez más engañosas y sujetas a artificios y condicionamientos, menos puras.


A los animales se les compra, se les vende, se les diseca, se les tortura, se les utiliza para diversos experimentos científicos, en cosmética, farmacia, medicina y biología, entre otros. Con ellos nos hacemos abrigos de pieles, zapatos, bolsos, cinturones, chaquetas y sombreros. Todos hemos lucido alguna vez sobre nosotros restos de cadáveres de algún animal, pero,¡ay!, cuando alguno se atreve a traspasar las fronteras del uso privado y fundamentalmente gastronómico para convertir el cadáver en algo público, manipulándolo y transformándolo, de repente todo el mundo, presa de la indignación y del más falso sentimentalismo, se lleva las manos a la cabeza....
Y no me refiero exclusivamente a los ecologistas y a las protectoras de animales, sino al ciudadano de a pie, al mismo que lleva botas de piel de cocodrilo, devora hamburguesas con ketchup y se divierte los fines de semana con el tiro al pichón o yendo de pesca. Porque a veces, el caso es quejarse, aunque en realidad no nos importe demasiado, ni estemos dispuestos a comprometernos fielmente con ninguna causa, quejándonos y desaprobando quedamos bien, es más que suficiente.
La amarga sensación de insatisfacción continua que genera nuestra hipócrita y vertiginosa sociedad de consumo nos impide disfrutar de lo que ya tenemos, instándonos a envidiar lo que tiene el otro, o lo que hace mejor el otro y siempre, siempre, querer más. Critica, que algo queda, no dejes títere con cabeza, el caso es no estar conforme con nada, inconformismo porque sí, porque es lo que se estila, porque es moderno, es “cool” y nos obliga a reafirmarnos en nuestro deseo de querer siempre más, con la paradoja añadida del conformismo borreguil que mostramos en casi todos los demás ámbitos.
A continuación veremos unos pocos ejemplos, los que me han parecido más relevantes en términos estéticos y han causado mayor impacto social, y quien sabe, quizá después de esto nos lo pensemos antes de llevarnos a la boca un muslito de pollo del Kentucky Fried Chiken. Quizá nos guardemos los huesecitos para fabricar el esqueleto de Barbie Anorexia. Al precio que están las cosas es mejor no desechar nada que nos pueda ser útil.


“It`s raining cats and dogs”.
Las caprichosas crucifixiones de MILO SACCHI
Cuando el cursi de Piolín decía eso de “me pareció ver un lindo gatito”, probablemente no se refería a ninguno de los que posan para Milo Sacchi. Mininos y algunos perros atropellados que recoge de la carretera, luego son disecados y atravesados con largas varas de metal formando sorprendentes composiciones de cuerpos felinos en cuyos rostros desencajados se advierte la mueca de la muerte con su sarcástica risa, o quizás es un grito, un grito de horror que les lleva hasta el paroxismo. Irreverentes y dotadas de cierto halo místico y religioso, algunas de sus obras nos recuerdan a las crucifixiones de Francis Bacon, donde mostraba con toda la crudeza posible esos cuerpos desollados, descarnados, despojados de toda dignidad humana. Bacon asociaba la crucifixión con imágenes de mataderos y carne doliente, y niega el aspecto consolador y redentor que la cultura cristiana pretende otorgarle.


Su infancia fue muy desgraciada,(la de Bacon) su padre le propinaba soberanas palizas por su condición de afeminado y homosexual. Su experiencia sacando cadáveres de edificios bombardeados en Londres durante la Segunda Guerra Mundial sin dudá marcó su desgarrada imaginería de cuerpos en los que late con fuerza la carne y sus truculencias. Bebedor, jugador compulsivo y con tendencias a las experiencias sexuales sadomasoquistas, su vida fue un exceso en todos los sentidos. Las connotaciones de sufrimiento y tortura que posee la imagen convulsa de Cristo en la cruz produce escalofríos, más allá del componente de heroicidad y la posibilidad de redención que esta sugiere. La muerte de Jesucristo fue espantosa, tal y como nos la cuenta el psiquiatra forense Jose Antonio García Andrade en su libro “Crímenes, mentiras y confidencias”. Según el, nuestro redentor “sudaba sangre” a causa de una hematohidrosis, un cuadro que aparece en estados de gran estrés o alarma, que cursa con sudor hemático. No se atravesaba la muñeca, como creían, por miedo a que la rotura de la arteria radial, la del pulso,causara una muerte rápida por desangramiento. Murió asfixiado después de horas de suplicio. El cansancio provocado por los azotes, los golpes y la postura hunde el cuerpo, pendiendo este de los brazos lo que supone un cuadro de asfixia. La víctima trata de erguirse para respirar en una interminable situación de asfixia dolor-defensa. La creencia en el perdón de los pecados a través del dolor que nos ha legado el dogma religioso aún late en nuestro inconsciente y es la base de muchos de nuestros comportamientos, de muchos de nuestros trastornos psicológicos como la autolesión infligida y de desviaciones sexuales extremas como el sadomasoquismo. Todo eso proviene de Dios, y si viene de Dios, bueno es. ¿no?

ANTONIO BECERRA- ¿el mejor amigo del perro?
Este artista de origen chileno recoge perros muertos que encuentra en la carretera (al menos eso es lo que dicen todos). Los lleva a su casita, y haciendo gala de sus estudios de taxidermia, los embalsama, los pinta y barniza con diferentes pigmentos y los atraviesa con clavos y alfileres. Tanto defensores de animales como distintas personalidades políticas mostrarón su indignación y repulsa hacia estas manifestaciones, criticando duramente la exposición. Becerra se defendió alegando que su propósito no es otro sino denunciar la crueldad y el maltrato a los animales, en especial a éste el mejor amigo del hombre. con una estética en la que mezcla varias disciplinas, la enfermería, la escultura, la pintura, y por qué no, la carnicería. Si tenemos en cuenta que en un país como Chile están prohibidos el divorcio y el aborto, con el retraso que eso supone, nos podemos hacer una idea de la conmoción que les causarían los animales disecados de Becerra. En muchos de ellos se pueden advertir con claridad los golpes y las malformaciones causadas por el choque de los automóviles. Muchas personas no tienen escrúpulos para atropellarlos pero les ofende enormemente verlos disecados en una sala de exposiciones. Es la doble moral de la que tanto hablamos y a la que todos nos acogemos de una u otra forma, por gracia o por desgracia.




DAMIEN HIRST: rebelión en la granja

A principios de los 90, un grupo de jóvenes artistas que residían en el barrio de Shoreditch, en el East London, pusieron patas arriba el arte conceptual inglés con sus escandalosas obras, que a pesar de ello acapararon varios premios Turner. Apodados los “enfants terribles” del arte conceptual inglés, estos “Young British Artists” consiguieron poco a poco un reconocimiento internacional. Sus nombres, Mona Hatoum, Tracey Emin, Sam Taylor y el caso que nos ocupa, Bacon Damian Hirst. Nació en Bristol (1964), además de haber formado parte de una banda de pop llamada “Fat Les”, que logró ocupar uno de los primeros lugares en los rankings ingleses de los noventa con uno de sus temas (“Vindaloo”), y de haber realizado un vídeo-clip para el internacional grupo “Blur”,”Country House”, Damian es famoso por sus instalaciones que tienen como protagonista la materia muerta. Vitrinas asépticas con esqueletos de animales crucificados y con los ojos separados del cuerpo, cadáveres humanos cubiertos por sábanas blancas en las que reposa un suculento sandwich, estanterías repletas de miles de fármacos distintos con nombres de comida, todo un ejercicio de “humor negro”, artísticamente hablando. La primera exposición con la que empezó a adquirir cierto nombre fue “Freeze”, en 1988, un show colectivo de alumnos del prestigioso Goldsmith´s College de Londres, que le ligó a su actual mecenas, el millonario Charles Saatchi. Una de las primeras obras que le hicieron famoso fue “La imposibilidad física de la muerte en alguien vivo”(“The Physical Impossibility of Death in Someone Living”) cuyo título ya es de por sí bastante explícito.


La pieza fue expuesta en la galería del coleccionista Charles Saatchi, y consistía en un tiburón de cuatro metros de largo metido en una gigantesca pecera de formaldehído, un líquido que conserva los cadáveres, aunque cuentan que el cuerpo en sí ya mostraba ciertos signos de putrefacción y mostraba una de sus aletas descolgada. Entre otros animales partidos y diseccionados, figuran un cerdito en dos mitades, y una vaca y su ternero, a los que colocó por separado, también suspendidos en formaldehído, y a los que tituló “Madre e hijo”. Esto le valió el premio Turner. Aunque pretendía expresar el dolor de una madre que ha sufrido la separación de su hijo y denunciar el maltrato a los animales con estas obras, muchos detractores opinaban que con sus actos despojaba a los animales de toda dignidad, buscando la polémica y el escándalo para darse publicidad. Los cuerpos que utiliza están ya muertos, aunqeu se desconocen las causas. Ni siquiera tenía amplios conocimientos de conservación de cadáveres previamente, tienen que inyectarles todas las semanas y limpiarles el estómago utilizando máscaras y trajes sépticos, porque el líquido en el que flotan se vuelve marrón con el proceso de descomposición. La revista “Esquire” le dedicó en 1994 seis páginas, mostrando la cabeza de un cerdo partida en dos mitades. Ese mismo año, los cadáveres de una vaca y un toro copulando flotando en formaldehído, a los que tituló “Pareja muerta follando dos veces”, fue prohibida por las autoridades de Nueva York. No es la primera vez que tiene problemas de este tipo, en una ocasión no le dejaron pasar por la aduana una vaca muerta hasta que no convenció a las autoridades de que no la requería para fines alimenticios sino para fines artísticos, todo esto, claro en pleno apogeo de la fiebre de las “vacas locas”. Bien es cierto, que, aunque ha contado con numerosas críticas, también ha sabido rodearse de gente influyente en el mundo del arte que le ha apoyado, incondicionalmente o no, en sus cometidos. Como por ejemplo director de la galería White Cube, Jay Jopling, fue su descubridor y quien puso en el toda su fé para relanzarlo internacionalmente a la fama, (aunque de eso ya se encargó debidamente la prensa sensacionalista), y el publicista Charles Saatchi, poseedor de una gran colección de arte. De Damien se cuentan varias anécdotas, unas divertidas y otras no tanto, como cuando las mujeres de la limpieza barrieron una obra suya hecha con basura reciclable creyendo que eran desperdicios, en un museo de Nueva York. La obra estaba desparramada para dar la impresión de caos, y en total, dos millones y medio de dólares acabaron en los contenedores, algo que a él no dejó de parecerle divertidísimo. Lo que seguro no le produjo ninguna chanza fue la demanda que le impuso una actriz amiga suya que le acusó de penetrarla con un hueso de pollo en una función teatral. Su fama de exhibicionista también le persigue, pero nunca sabremos con certeza donde empieza y donde acaba la parte de leyenda o mito que se cierne sobre los artistas del escándalo, tan susceptibles de ser víctimas del escarnio público. Ha diseñado portadas de discos y ha hecho publicidad para British Airways, además de ser creados de algunos vídeos experimentales de carácter autobiográfico.

De artista maldito a “super-star”
Lo cierto es que Damien Hirst no sabe dibujar, ni sabe pintar, sus coqueteos con la pintura solo causaron indiferencia, limitándose más tarde a elaborar algunos cuadros basados en puntitos de colores y otros motivos decorativos con cierto aire pop pero desprovistos de todo interés salvo el decorativo. Por ello se decantó por el arte conceptual, haciendo gala de un gran sarcasmo e insistiendo sobre la idea de la decadencia corporal, buscando premeditadamente impactar en público haciéndoles pensar y cuestionar sus imágenes, mediante un juego de sugerencias que en ocasiones son más bien evidencias, provocando la mayoría de las ocasiones repulsión, asco o sorpresa, aunque en ocasiones su arte conceptual solo provoca indiferencia. Sus obras han sido expuestas en Europa, América, Corea y Australia, con gran éxito y afluencia de público, pero este abrumador éxito genera severas dudas, teniendo en cuenta el modo en que Damien saltó a la fama convirtiéndose de la noche a la mañana en una auténtica “pop-star”. Hay que tener en consideración que mucho antes de que Hirst fuera alabado y avalado por la crítica y apoyado por el marcon institucional (museos, galerias, etc…), fue avalado por el dinero del excéntrico millonario Charles Saatchi, que adquirió sus primera obras a precios desorbitados. Saatchi, coleccionista de arte, supuestamente un “entendido”, de repente se fija en lo que el considera un joven talento y valora sus obras en miles de dólares. Inmediatamente esto llama la atención de las instituciones, si es tan caro, será que es “bueno”. Entonces ya Hirst se incorpora a otro circuito en el que más que arte lo que se mueve es dinero, el del coleccionismo, el de las galerías, lo que es caro vende, su valor artístico reside en su peso en oro, y solo unos pocos privilegiados pueden acceder a tener una joya así valorada en miles de dólares. Tener dinero no es sinónimo de tener buen gusto, más bien suele ser lo contrario, pero una obra valorada en esas cantidades es un lujo que algunos privilegiados se pueden permitir y pueden además presumir de ello, aunque se trate de un zurullo dentro de un frasco(como el de Piero Manzoni). Si ese frasco vale su peso en oro, ¿como no nos va a enorgullecer lucirlo en la repisa del salón mostrando así nuestra opulencia, para envidia de nuestras amistades menos favorecidas económicamente?.

Damien Hirst se convirtió así en una estrella, Saatchi llegó cual hada madrina y con su varita mágica le volvió rico y famoso, poniendo su nombre en boca de todos. Esta vorágine de poder y dinero en la que se vio inmerso de repente, no hizo sino desvirtuar el verdadero sentido de su obra, y el mensaje que supuestamente lleva implícito en sus registros. Cualquier cosa que haga a partir de ahora causará recelo y desconfianza. Además, puede permitirse el lujo de delegar el trabajo duro en otros, sin mancharse ni ensuciarse de pintura o esquivar las virutas de madera. El sólo pone el concepto, define el proyecto, y el dinero hace el resto. Sus piezas pasan por las manos de otros, que son los que se encargan de realizarlas en última instancia: carpinteros, cristaleros, herreros, etc… Esto es algo que solo se pueden permitir unos pocos privilegiados, y sin duda es el sueño dorado de muchos artistas conceptuales de nueva generación. Si lo que prima, lo verdaderamente importante, es el concepto, ¿que más da quién lo lleve a cabo?. El esfuerzo físico resta tiempo y energía a los iluminados. El trabajo duro, si es posible, se deja para los demás. La teoría del “aura” de la obra de arte está ahora más que obsoleta.

jueves, enero 20, 2005

Una casa con goteras



Audio: ALGOCONTIGO.Andrescalamaro.mp3

Ayer me llamó una amiga a la que tengo en gran estima, para contarme desolada que su relación hacía aguas, y que le costaba mucho tomar una decisión, LA DECISIÓN...
Yo le expliqué, que, antes de cambiarse de casa, intentara arreglar las goteras. Saltar de una relación a otra equivale a realizar una pesada mudanza, de un hogar a otro, y eso supone volver a cargar con trastos pesados, recuerdos, vivencias, viejos traumas...mvolver a reordenarlos y colocarlos y tirar lo que no sirve y que de algún modo es un lastre.
Aunque en ocasiones, si la casa se viene abajo y no tienes un refugio seguro te encuentras de repente en la calle, sola, con una mano delante y otra detrás...
Entenderán la metáfora...
Yo intentaba explicarle que las personas, las relaciones, son como las casas, algunas son muy grandes y acogedoras, otras pequeñas y desordenadas, estrechas, algunas endebles, de pardes delgadas por donde se cuela el frío. Unas te dejan las puertas abiertas, con total confianza, para que puedas conocer y hurgar en todos los rincones, y otras, en cambio, ponen cerrojos y cadenas, recelosas, para impedirte entrar.
A veces suceden pequeños accidentes domésticos, averías eléctricas, fallos en la calefacción, goteras..., las casas son imperfectas, como nosotros, pero no por eso uno se ve obligado a mudarse repentinamente. Hay que evaluar los daños, e intentar repararlos, porque ir de un lado a otro, siempre de alquiler, de deja una amarga sensación de desarraigo, de soledad, de no tener nada propio y nada auténtico.
Pero claro, si hablamos de un problema de aluminosis, es diferente, no hay remedio posible, hay que abandonar el edificio, pues sus cimientos están podridos y la estructura se derrumbará de un momento a otro. Sálvese quien pueda...
Pero aunque las pequeñas averías causen desasosiego, casi siempre se trata de menudencias, y eso no es óbice para dar la voz de alarma o salir corriendo.
Así que le he aconsejado que se tranquilice, que deshaga las maletas y que se encargue de esas molestas goteras y esas pequeñas averías llamando a un fontanero.
Por supuesto, sigue siendo una metáfora...:-D

Disculpen, voy a seguir con las mudanzas... me voy a vivir sola.

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domingo, enero 09, 2005

Escatología y belleza: vaginas dentadas y otras heridas del alma


Ilustración de Christiane Cegavski

Las operaciones de cirugía estética facial que Orlan llevó a cabo en sus quirófanos teatrales para adquirir rasgos peculiares pertenecientes a bellezas del arte clásico como “La Mona Lisa” de Da Vinci o la Venus de Botticelli, entre otros referentes, convirtieron su cuerpo, sus sanguinolencias y sus cicatrices en un vehículo artístico hacia la búsqueda de la belleza perfecta, experimentando sobre su propio cuerpo, verdugo de sí mismo y víctima de los excesos quirúrgicos, despojándolo de toda identidad en pos de un “patchwork” ideal que ensalzaba, a la vez que ridiculizaba, los excesos narcisistas de nuestra cultura de la imagen, que conduce la idolatría de la juventud y la belleza hasta límites demenciales.
Las pinturas oxidadas de Andy Warhol, realizadas con orina y pigmentos metálicos, y los frascos de “Merda d´artista”de Piero Manzoni nos acercan a ese “horror de los excrementos” que enunciaba Bataille, convencido de que estos nos producían tal temor y rechazo que éramos incapaces de hablar de ellos. Duchamp ya levantó ampollas con su fuente-urinario, y Dalí y Miró también aludieron al tema en sus respectivos cuadros “El juego lúgubre”, y “Hombre y mujer ante una pila de excrementos”. Claro está, que de insinuarlos y representarlos a utilizarlos directamente media un abismo.
Kim Jones sacó un tarro de mayonesa lleno de sus heces, se embadurnó y abrazó al público, provocando un auténtico escándalo. Cuando algo se sale de su espacio orgánico: boca, ano, pene o vagina, se convierte en abyecto, en sucio, todo lo que es expelido por el cuerpo es considerado materia de deshecho, y cuando es trasladado al terreno de lo social y lo cultural se transforma en repugnante y de inmediato adquiere otro significado. Lo abyecto conecta con las tres fases del proceso constitutivo: oral, anal y genital, y en cuanto alguna de estas manifestaciones sobrepasa el límite de lo íntimo se vuelve amenazador, irreverente y vergonzoso.
A todos nos ruboriza y perturba que nos observen mientras defecamos u orinamos, mientras copulamos, mientras vomitamos…Ruidos que emiten nuestros agujeros expeledores, como eructos o ventosidades, son considerados ofensivos, repugnantes y de mala educación, aunque en ocasiones se trata de una cuestión cultural, pues por ejemplo en la tradición musulmana el eructar después de un banquete es una manera de agradecer la comida. En algunas poblaciones arcaicas incluso se esconden para comer, pero estas pequeñas variaciones no implican que el temor y el rechazo a lo abyecto y lo asqueroso deje de ser un fenómeno universal.
Kant lo explicaba así en su “Crítica del juicio”: Solo una clase de fealdad no puede ser representada conforme a la naturaleza sin echar por tierra toda satisfacción estética, por lo tanto, toda belleza artística, y es, a saber, la que despierta asco”. Pero como ya decíamos antes, lo inmundo, lo asqueroso, es inseparable de lo humano. La realidad es cruel, y el arte refleja esa realidad, mostrándonos la herida infligida por el mundo, evocándonos esa canción de Joan Báez que rezaba así:“Llegó con tres heridas, la de la vida, la del amor, la de la muerte…”. Todos nacemos de esa gran pero pequeña herida que es la vagina de una madre, una llaga sangrienta que se desgarra llorando lágrimas de sangre y líquido amniótico para darnos la vida entre coágulos y otras secreciones. Existe un estrecho vínculo entre violencia y erotismo, entre la sexualidad y la muerte (Eros y Tánatos), entre el placer y el dolor y entre nutrición y sexualidad, que muchos artistas, poetas, escritores y filósofos como Georges Bataille y Baudelaire, en un modo más trágico, se han esforzado en resaltar. El poema de Eduardo Galeano,”La pequeña muerte”, nos resume en unas líneas la delicada frontera que existe entre lo abyecto y lo sublime, entre el goce y el sufrimiento, la vida y la muerte, pues no debemos olvidar que el sexo es la fuerza poderosa que hace girar al mundo, pero aquello mismo que crea, inevitablemente, también acaba destruyéndolo al final del viaje. Ese es el destino humano. “No nos da miedo el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de sus vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos, gemidos del dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien no tiene nada de raro porque nacer es una alegría que duele. “Petit morte”, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman, pero grande, muy grande ha de ser si matándonos nos nace.!"

El arte de la menstruación y otras alegorías femeninas



"Mi primera menstruación"-Ana Elena Pena,1999. Fotg. Sam Domingo
La maldición de la sangre:
La accionista, ya difunta, Gina Pane (http://www.arkineos.it/rivista/corparc/ginapane.html)
trasladaba sus rituales de autolesión al terreno de lo poético y lo femenino, donde la sangre adquiría un simbolismo adherido a la fecundidad, a la sexualidad, al sentido trágico de la vida y a la verdad sangrante del amor y sus misterios. Una de sus acciones más conocidas consistía en beber de una taza rota, mezclándose la sangre de los labios, heridos por los bordes cortantes, con la leche y la miel que esta contenía. Kiki Smith hizo una mordaz y atrevida crítica a la cirugía estética con sus “Recipientes de sangre y silicona”, además de un trabajo con cuencos en los que reposaban diferentes sustancias acuosas; lágrimas, como metonimia del llanto, semen, representando la lujuria y el deseo, y vómitos, indicadores del mal y la enfermedad. Son muchas las artistas contemporáneas que han trabajado con la sangre y en particular con la menstruación, artistas como Judy Chicago, que mostraba la extracción de un támpax usado en “Red Flag”(“Bandera Roja”) y Carol Schneemann, que pintó un cuadro con su sangre menstrual (“Blood Work”) además de protagonizar un curioso performance en el que se extraía lentamente un pergamino de la vagina en el que había escrito un discurso feminista.Todas estas artistas las podeis contemplar en el museo de la menstruación www.mum.org , donde también están mis fotos, jijijiji, www.mum.org/armepena.htm
Históricamente la sangre está ligada a las imágenes tanto de la vida como de la muerte, purifica y mancilla a la vez, pero se la considera peligrosa cuando brota de manera espontánea.
De todas las hemorragias, la que significa la menstruación en la mujer es la que mayor significancia y complejidad tiene para la psique del hombre. En muchísimas poblaciones arcaicas se ha considerado que la sangre menstrual quema la vegetación, impide el crecimiento de las plantas, contamina las aguas y constituye un peligro para el hombre. Cuando llegaba el momento, se aislaba a las mujeres para evitar todo contacto con el exterior y la consecuente contaminación. Sin embargo, la sangre adquiere efectos positivos si se la hace brotar voluntariamente, cuando el ser humano se apodera de su cuerpo y se mutila con el propósito de fertilizar los campos y curar enfermos, o bien en ritos de carácter funerario.
El acto de mutilarse es algo universal. Los anales chinos relatan que a partir del momento en que llegaban a la tienda mortuoria, se cortaban la cara con un cuchillo para que se viera correr la sangre junto con las lágrimas, en señal de duelo. Para los hebreos la sangre es el alma del cuerpo, símbolo de vida e impureza a la vez, relacionada con la maldición que cayó sobre la humanidad cuando Eva, la compañera de Adán, al caer en la tentación del diablo, provocó la desgracia del hombre. La pérdida periódica de la sangre se percibe así como una herida inmunda, un castigo infligido por Dios a todas las descendientes de Eva.
Desde entonces la noción de pecado siempre está presente en la sangre menstrual, que posee un marcado carácter punitivo. Pero no todas sus connotaciones son necesariamente malignas, en el siglo XVIII existía una curiosa costumbre que consistía en mezclar sangre menstrual con las bebidas y alimentos para lograr un efecto afrodisíaco en el amante. Todo esto nos da una idea del simbolismo ambivalente de tan preciado líquido, inseparable de la condición femenina. El misógino poeta del siglo XIX, Charles Baudelaire, decía en uno de sus versos de “Las flores del mal”: “El universo entero meterás en tu alcoba, mujer impura, máquina ciega y sorda que, con placer inmundo, eres gran bebedora de la sangre del mundo.”









Rituales dionisiacos, automutilación y culto al diablo


Fotg. Marilyn Manson
Rudolf Schwarzkogler presentaba a jóvenes varones víctimas de sacrificio, en ocasiones heridos en sus genitales, yaciendo en postura fetal enmedio de cartuchos y cables eléctricos. Hermann Nitsch (www.nitsch.org), que aún sigue en activo con su ya famoso “Teatro de Orgías y Misterios”, sacrifica piezas de matadero para realizar rituales dionisíacos donde la sangre y las vísceras de los animales adquieren un protagonismo absoluto, en combinación con música y pintura. Estos ritos tienen su base en la tradición europea y la cultura judeocristiana, cuyo dios Yahvé exigía sacrificios de animales. La sangre de Jesús es sagrada, la seguimos bebiendo, simbólicamente, como promesa de redención y vida eterna, en un acto de canibalismo como es la comunión, donde también comemos su carne, representada por la Hostia, el pan de cristo. Billy Curmano pretendía redimir de una manera simbólica la violencia mundial virtiendo su propia sangre sobre un globo terráqueo, enunciando los nombres de los paises en conflicto bélico.
Marilyn Manson (www.marilynmanson.com), líder de un revolucionario grupo de rock que ha removido las conciencias de la hipócrita sociedad puritana americana con sus convulsivas y sarcásticas letras, ha incorporado a sus actuaciones musicales un espectáculo teatral de ritmo satánico acompañado de una impresionante puesta en escena terrorífica, irreverente y glamourosa a partes iguales, algo que ya hizo en su momento el veterano Alice Cooper(www.alicecooper.com). Espectáculos que según sus detractores cristianos más enfebrilecidos incitan a la violencia, a la promiscuidad y al asesinato, convirtiéndoles, a él y a sus “Spooky Kids”(niños espeluznantes)en adoradores del diablo,en mesías del apocalipsis. Las cicatrices provinientes de salvajes cuchilladas que su líder Manson luce sobre el torso no dejan lugar a dudas del impactante mensaje que trasmite su peculiar filosofía, que nada tiene que ver con el demonio, sino con la reivindicación de la libertad, la individualidad y el disfrute de los placeres carnales sin remordimientos, algo que difiere completamente de ciertos dogmas religiosos. Volviendo al tema de la autolesión, citaremos algunas palabras sobre el tema de la psicóloga Brenda Love (http://www.kinkybooks.com/books/bk098.htm)
que pueden arrojar algo de luz sobre estas prácticas, cada vez más habituales en el arte de acción contemporáneo. Según ella, y tal y como cita en su “Encyclopedia of Inusual Practices”, “el hecho de cortarse provoca una sensación de intensidad, una muestra del poder personal sobre el destino del propio individuo. La cicatriz de la persona actúa como una constante afirmación de este nuevo poder sobre el dolor y la tragedia.”,sostiene asímismo que “cortarse siempre ha sido una forma de cura emocional. Hoy en dia mucha gente en instituciones psiquiátricas, hospitales y prisiones se corta como una forma más de autolesión. Los motivos de este tipo de comportamiento son diversos, pero muchas personas sienten que esos actos les ponen de nuevo en contacto con su cuerpo, para así volver a sentirse humanos. Le faltó pronunciarse acerca de aquellos que se provocan esas lesiones en un escenario, ante la mirada del público, y quizá hubiera llegado a la conclusión de , si el arte es el mejor camino hacia el entendimiento de una cultura, como dice John Denewey, no cabe duda de que la nuestra es una sociedad enferma, o cuanto menos, doliente y confusa. En un ritual de autolesión, el público con frecuencia sufre con el afectado, debido a una suerte de empatía que obliga al espectador a identificarse con el actor, lo que puede desembocar felizmente en una catarsis liberadora o traducirse en un rechazo visceral cercano al pánico o la angustia, pues la presencia de la sangre en el ser humano lo conduce a una situación de alerta, de huida o de auxilio. Paul MacCarthy, que es ligeramente posterior a los acccionistas vieneses, ridiculiza estas acciones tan extremas utilizando sustancias como tomate frito o pintura para simular la sangre, descontextualizando y pervirtiendo los rituales. Aunque no llega a la autolesión propiamente dicha , no por ello su trabajo deja de ser, cuanto menos, chocante, rozando la perversión más aberrante y coqueteando con parafilias sexuales de todo tipo. En el video “Sailor´s meat” aparece en una habitación de un hotel con bragas negras de puntilla manchadas de sangre y una llamativa peluca rubia. Se tumba plácidamente en la cama mientras simula follarse pilas de carne cruda y hamburguesas, con el pene pintado de rojo y un perrito caliente o hot-dog metido por el culo. En “My doctor”, rajaba una máscara de goma que llevaba en la cabeza para hacer una apertura en forma de vagina a través de la cual daba a luz a una muñeca cubierta de ketchup, representando el nacimiento de Atenea a través de la brecha del cráneo de Zeus.


Sangre, fluidos y otras abyecciones


Artistas subversivos como Ron Athey y Franko B. (www.franko-b.com)
han recurrido a la performance como vehículo de expresión para denunciar de un modo desgarrador el maltrato médico y socio-político que se les da los enfermos de SIDA, evidenciando su fragilidad y vulnerabilidad y criticando el profundo rechazo al que están expuestos continuamente los afectados.
Ron Athey(www.ronathey.com), con su “Teatro del Dolor”, donde es atravesado por dardos y coronado con espinas, nos muestra personajes delirantes tales como enfermeras travestidas, mezcla bizarra de Divine y Rocío Jurado, camillas donde padecen enfermos agonizantes que son sometidos sin piedad a procedimientos médicos tan habituales como vergonzosos, como son las lavativas y las inyecciones. Franko B., tras grabarse a cuchilla unas letras en la espalda, se pasea desnudo y sangrante por una pasarela cubierta con sábanas blancas, que recogen sus fluidos y que luego recicla para otras acciones. Se puede observar que cada vez son mas numerosas,o cuanto menos, más visibles, las manifestaciones artísticas que tienen su clave en la abyección, en la escatología, en el trauma y en la repulsión. Lo abyecto es lo que no respeta límites, lo que perturba identidad, sistema y orden, y ha sido muy bien acogida por el arte de vanguardia en tanto que la finalidad de gran parte de estas manifestaciones llevan como signo de identidad el deseo de perturbar el orden, el del sujeto y el de la sociedad. Tanto mostrar cadáveres como sanguinolencias o deyecciones corporales transgrede y supera las fronteras pre-establecidas del arte, obligándonos a replantearnos sus límites y enfrentándonos a problemas de índole moral y ética. La fascinación y el horror que sentimos a la vez por los fluidos, las heces, el esperma y las monstruosidades y aberraciones físicas es una característica esencial de ciertas expresiones del arte más vanguardista que, aunque ya comenzaron a brotar en los años 60 y 70 con las brutales performances de los accionistas vieneses, tuvieron su momento álgido en los 90, cuando el Whitney Museum for American Art organizó una exposición titulada “Arte Abyecto: repulsión y deseo en el arte americano”. Entonces, la poética abominable e iconoclasta del “trash” y aquello que consideramos “inmundo”, elevaron la abyección a categoría estética con su dinámica transgresora, irrumpiendo en el terreno de lo público, proclamando que lo inmundo es inseparable del cuerpo, y por lo tanto, humano, y digno de ser utilizado o representado con fines artísticos. Los accionistas vieneses de los años 60 llevaron el “shocked-art” de la performance más radical hasta el paroxismo, protagonizando violentas acciones que rozaban el masoquismo más enfermizo. Empezando por Gunther Brus, que se hizo un corte en la ingle a modo de vulva y la mantuvo sujeta con garfios a la piel. Muchos ritos tribales implican la imitación ritual por parte de los hombres de elementos femeninos, tales como vestidos, vaginas, menstruacion y parto ,para de esta manera incorporan simbólicamente al cuerpo masculino los poderes creadores de la hembra. En los ritos de iniciación de Australia Central se incorpora el principio femenino en el cuerpo del hombre realizando una hendidura semejante a una vulva en la superficie uretral del pene, sobre el glande. Brus también gustaba de introducirse alambres por la uretra, se vestía con ligueros y medias, se acuchillaba con tijeras hasta sangrar, cagaba y degustaba su propia mierda y vomitaba.(rituales coprofílicos que nos recuerda también a G.G.Allin(www.ggallin.com), famoso punk-star de finales de los 80 que murió de sobredosis tras una caótica actuación). Pero su espíritu temerario acabó traicionándole. En su última actuación, titulada “Zerrisprobe”(”Prueba de resistencia”), Brus se amputó parte del pene, en un delirante acto a autocastración, y la hemorragia fue tan letal que no se pudo hacer nada por su vida. Murió desangrado.


viernes, enero 07, 2005

La seducción de los caramelos


Los cebos azucarados de ogros y ogresas, brujas y pedófilos:

La supuesta inocencia y fragilidad de los niños los convierten con frecuencia en seres desprotegidos ante la multitud de peligros que acechan en mundo adulto. El paraíso de la infancia , en realidad no supone siempre un territorio edénico donde las criaturas angelicales retozan juguetonas entre algodones, ositos de peluche y pompas de jabón. Esta fantasía rousseauniana puede mutar en un siniestro bosque tormentoso, de árboles retorcidos de mirada aterradora, plagado de seres malignos y amenazantes hambrientos de la sangre fresca de los infantes. Ogros, brujas, lobos y sacamantecas son los siniestros moradores de ese lugar de pesadilla, tanto de los abruptos bosques de los cuentos de hadas como de la jungla de asfalto del siglo que nos ocupa.
Mientras que a los adultos se les engaña y se les seduce con otro tipo de lisonjas más sofisticadas, para los niños el señuelo más eficaz para ganarse su confianza son sin duda los caramelos, las golosinas. La glotonería de los pequeños y su amor por lo dulce, además de su naturaleza confiada, los convierte en presas fáciles de pedófilos desalmados o de asesinos en serie.
El caso de Albert Fish conmovió profundamente a la sociedad neoyorquina el día que se descubrió que había secuestrado a una niña con el fin de descuartizarla y comérsela en un festín caníbal. El anciano se delató en una estremecedora carta que envió a la madre de la pequeña, y que los medios de comunicación no se privaron de publicar. En ella relataba con todo lujo de detalles como había apaleado a la niña para que su carne se reblandeciera, qué partes había comido de la misma, de qué modo las habia cocinado y cuales le resultaron más sabrosas. Hacia el final de la epístola comentaba a la madre que no debía preocuparse de la honra de su hija: “No me la tiré, aunque podría haberlo hecho. Murió virgen.”.
Lo curioso es que el amable viejecito nunca despertó las sospechas de nadie, a pesar de que los informes psiquiátricos realizados posteriormente le definieron como una persona con fuertes tendencias sadomasoquistas, voyeur, exhibicionista, pedofílico, homosexual, coprófago y con una obsesión morbosa por el canibalismo. Además, Fish era un fanático religioso que interpretaba a su manera la Biblia y sufría de alucinaciones y arrebatos místicos. Tras hacerse amigo de la niña, a la que entretenía con juegos y chucherías, le pidió permiso a su progenitora para llevársela a la fiesta de cumpleaños de una sobrina suya (por supuesto, inexistente), a lo que la señora accedió de buen grado, y de lo cual se lamentaría más tarde y durante el resto de su vida. Fué condenado a la silla eléctrica, y los cientos de alfileres que tenía incrustados dentro del escroto testigos de sus rituales masoquistas, provocaron un cortocircuito.

Dejad que los niños se acerquen a mí…..

Estos ogros contemporáneos, psicópatas devoraniños, tienen su equivalente literario y fantástico en la tradición popular de los “sacamantecas” u hombres del saco, hombres feos y malvados que raptan a los niños y se los llevan a casa para sacrificarlos y hacer con su grasa jabón o ungüentos para curar enfermedades. En verdad esto tiene más de realidad que de leyenda, si hacemos un poco de memoria histórica.
Enriqueta Martí Ripoll, la vampira de Barcelona de principio de los años 20, responde al perfil clásico de bruja curuja en su vertiente más sádica. Esta aprendiz de hechicera secuestraba a pequeños aprovechando los descuidos de los padres y prometiéndoles golosinas. Pero una vez en su morada, los niños eran asesinados, desangrados y despedazados cruelmente. Con su grasa preparaba extraños mejunjes para curar diversas enfermedades y dolencias tales como la tuberculosis o la tisis, y con el túetano de los huesos elaboraba potingues supuestamente revitalizantes y dudosamente milagrosos. Ella misma creía en el poder vigorizante de la sangre, la cual procuraba beber bien fresca y directamente de los cuerpos degollados para aprovechar al máximo sus nutrientes y sus cualidades mágicas. Era hematofílica (no confundir con hemofílica), lo cual explicaba su obsesión enfermiza por la sangre, que creía que la rejuvenecía y le otorgaba una energía vital y sexual extraordinarias. Gracias al chivatazo de una vecina, los tejemanejes de la Ripoll fueron descubiertos. La policía halló en su casa(aparte de insalubridad, ratas y cucarachas) sacos de tela con restos de huesos y las ropas ensangrentadas de los niños, además de libros antiguos de hechicería, diversos cuchillos y una libreta con direcciones y nombres de gente perteneciente a las altas esferas de la sociedad barcelonesa. Las investigaciones se dispersaron y nunca concluyeron en nada tangible, lo que contribuyó a alimentar el mito de la vampira. Se rumoreaba que comerciaba con sus pócimas para aliviar los males de los ricos, a cuyas fiestas y orgías era invitada, y se la vio salir de noche lujosamente vestida mientras en la puerta la esperaban ostentosos coches para recojerla.
Como por el día iba sucia y harapienta como una mendiga, a la policía le sorprendió encontrar en su casa un baúl lleno de caros ropajes y exquisitas joyas de un valor incalculable. A Enriqueta podríamos considerarla la Condesa Bathory española, famosa esta última por asesinar y desangrar a sus doncellas campesinas para bañarse en su sangre virgen y conservar la eterna juventud. El detalle macabro del caso de la vampira de Barcelona, es que, a pesar de sus cuarenta años largos, se comentaba que gozaba de una excelente salud y que su cutis resplandecía como el de una veinteañera. ¿Sería el “poder milagroso” de la sangre de los infantes lo que la mantenía tan lozana y hermosa a pesar de su austera vida diurna y su disoluta vida nocturna?

“¡¡No aceptes caramelos de desconocidos!!”

¿Cuantas veces habremos oído esta intrigante advertencia de boca de nuestros mayores? A los niños les pierde su avidez oral, su ansia de dulce, y esto es bien conocido por todos, tanto por buenos como por malos. Cuando un niño hace algo bien, se le recompensa con una golosina, y por el contrario, cuando se porta mal, se le castiga sin chuches. Este sistema de gratificación y castigo por medio de los dulces forma parte de su atractivo y fomenta el deseo de los pequeñuelos por estas frivolidades alimenticias, que cada vez tienen menos de alimenticias y más de frivolidad.
Los caramelos son utilizados por los lisonjeros malévolos como reclamo y como pegajoso señuelo para atraerlos a terrenos movedizos plagados de intenciones sórdidas. Los pedófilos esto lo saben bien, y con la promesa de entregarles más dulces, los niños acuden atolondrados, como los ratones de Hamelín tras el meloso silbar de la flauta, cayendo en la trampa. Todos hemos tenido un viejo verde en nuestras vidas, un amable señor o vecino que con azucarosos cebos se ganaba la confianza de los más golosos para obtener a cambio algún tipo de gratificación sexual. Si bien los penes no tienen el delicioso sabor de los Kojak, con el estómago lleno se piensa menos, y antes de que se den cuenta los pequeños, ya están manipulando piruloides de los que nunca se gastan por mucho que los chupes.
El cuento de Hansel y Gretel y la casita de chocolate de los hermanos Grimm es especialmente aleccionador, y es a su vez un relato que conmociona y fascina especialmente a los niños, por el profundo valor psicológico y simbólico que desprende y por su extraordinaria crudeza.
La situación de partida es la siguiente. Los hermanos Hansel y Gretel son abandonados en el bosque por parte de sus progenitores, unos modestísimos y paupérrimos campesinos que no tienen nada que comer y que no les queda más opción que deshacerse de los niños ante la tentación de comerse a sus propios hijos en un arrebato famélico. Esto supone para los pequeños un gran momento dramático, pues uno de los miedos más terribles y típicos del niño es el de ser abandonado. El otro, es ser devorado. Debido a la tremenda desproporción física de los años más tiernos, a ojos de los niños los adultos parecen ogros, gigantes de gran envergadura que en vez de resultar entes protectores, en ocasiones se tornan figuras amenazantes.
Hansel y Gretel avanzan abrazados por un bosque hostil, donde les acechan infinidad de peligros, pero de repente…se alza ante ellos una deslumbrante y deliciosa casita de chocolate. Los niños, hambrientos e incapaces de controlar su voracidad, sacian su apetito mordisqueando las paredes de mazapán, las vigas de caramelo y los apliques de nata…, hasta que son sorprendidos “in fraganti” por la perversa bruja del cuento, que los engaña y los invita a entrar, encerrando a Hansel en una jaula con el fin de engordarlo y comérselo y convirtiendo a Gretel en una sumisa sirvienta.
Los niños viven atemorizados por la bruja, de nuevo aparece el miedo a la devoración tan propio de los cuentos de hadas y tan arraigado en nuestro subconsciente, aunque gracias a la astucia de los pequeños la pérfida mujer es la que acaba en el caldero tras ser empujada por una envalentonada Gretel. Un final feliz para un cuento que muchas veces no acaba tan bien en el mundo real.
Los actos de violencia y los abusos sexuales que tienen como víctima a los niños crean una especial repulsa social, y el abusador pasa a ser automáticamente despreciado y estigmatizado, hasta el punto que en la misma cárcel estos presos necesitan protección especial para no acabar siendo violados, torturados y linchados por sus propios compañeros de celda. Por otra parte, los abusadores suelen haber sido a su vez víctimas de abusos y vejaciones en su infancia, por lo que se deduce que estas pautas de comportamiento adquiridas se fraguan en la niñez, revelándose en toda su crudeza al llegar a la fase adulta o post-adolescente, continuando así la cadena de maltrato.
Ogros contemporáneos como Albert Fish, con quince víctimas probadas, Enriqueta Martí Ripoll, con casi una decena, Myra Hindley y Ian Brady, que mataron y torturaron a cinco menores mientras grababan sus desgarradores alaridos, el colombiano Luis Alfredo Garabito, que confesó más de treinta asesinatos, o el reciente Marc Dutroux que conmocionó Bélgica. Así se abre un largo etcétera de celebridades, algunas aún con vida, y a las que no les queda el consuelo de la redención ni la esperanza en el perdón del colectivo social por la irremisibilidad de sus crímenes
Este tipo de sucesos despiertan tal repugnancia y aversión que la posibilidad de la reinserción es cuanto menos absurda. Desde el momento en que se haya hecho público su delito estarán más seguros en la cárcel que fuera de ella, donde se exponen al linchamiento público y a la justicia popular del ojo por ojo, diente por diente.
Willy Wonka y la fábrica de chocolate
Otro gran Señor de los Caramelos, no tan perverso pero sin embargo no exento de cierta malicia, lo hallamos en el Willy Wonka interpretado por Gene Wilder en “Willy Wonka y la fábrica de Chocolate”(Mel Stuart,1.971). En un tono amable y toscamente aleccionador, la versión cinematográfica de Roald Dahl nos sumerge en el increíble submundo de una maravillosa pero al tiempo siniestra fábrica de dulces, donde nadie entra y nadie sale, pero que abre sus puertas a los cinco niños afortunados que encuentren los cinco billetes dorados que se hallan ocultos en cinco de los billones de chocolatinas dispersas por todo el mundo.
El premio, aparte de la visita a la fábrica, es una provisión de por vida de dulces y chocolates. Esto despierta la avaricia natural de los pequeños, que empiezan a comprar de manera compulsiva los productos del señor Wonka en busca del ansiado billete. La moraleja es bien clara, y el egoísmo, la volubilidad y el carácter caprichoso de los niños acaba conduciéndolos a la perdición,a excepción del modesto y benévolo Charly, que consigue conquistar el corazón (y heredar la fábrica)del señor Wonka gracias a su honradez y a su humildad.
Los castigos que reciben los niños por su gula y avaricia son ejemplares. Mientras que el gordito acaba engullido por un rio de chocolate sobre el que se abalanza sediento de cacao, otra niña petarda e insolente acaba convertida en arándano flotante. La ricachona caprichosa no corre mejor suerte, y el insoportable canijo adicto a la televisión acaba siendo reducido a tamaño liliputiense.
Niños y caramelos, caramelos y niños…, nuestra infancia está regada de nata y sirope, salpicada de virutas de azúcar y chocolate y aromatizada con regaliz y fresas. Con el tiempo, la obsesión por lo dulce desaparece, o por lo menos mengua, en parte porque nuestro cerebro adulto necesita menos glucosa y porque nos preocupamos por nuestra salud dental y por nuestro peso.
Pero no podemos obviar que el circuito de las gratificaciones ha quedado marcado por el método de compensación y castigo en base a las chuches impuesto por nuestros mayores. Cuando nos sentimos mal es sencillo paliar el malestar y la soledad con un bote de leche condensada o una tarrina de helado de nueces, en una especie de ritual de autorecompensa que solo durará lo que tardemos en devorar nuestro pegajoso banquete.

domingo, enero 02, 2005

ARTE Y CANIBALISMO

Si es que algunos niños están para comérselos…, y si no, que se lo digan a este artista natural de Shanghai. Zhu-yu , desafiando a la censura y rompiendo el último tabú que se cierne sobre la humanidad, el canibalismo o antropofagia, lleva más de dos años presentando un performance en el que devora parte de un feto de siete meses, que ha sido previamente cocinado. Estas imágenes formaron parte de un documental titulado “Pekín se mueve”, emitido en la cadena británica Channel 4, consiguiendo una audiencia de más de un millón de espectadores. Esta cadena, de corte sensacionalista, también fue la responsable de emitir la autopsia pública que realizó el doctor Von Hagens, que causó no menos controversia. Aunque muchos sostienen que se trata de un engaño efectista, y que el cadáver es un cuerpo de pato con la cabeza de un muñeco, lo cierto es que se trata de un bebé real que nació muerto, y que según él, consiguió en un colegio médico. De hecho hay fotos previas al banquete donde se le puede observar lavando al niño bajo un grifo y preparándolo para cocinarlo. Zhu-yu afirma que ninguna religión prohíbe estrictamente el canibalismo, y que ninguna ley se manifiesta claramente en contra de la ingesta de carne humana. “He aprovechado el espacio vacío entre la moral y la legalidad para desarrollar mi trabajo”-asegura.
Pero la degustación de este banquete incomparable no fue de su agrado, y menos mal, porque si hubiese declarado que le pareció delicioso hubiera tenido aún más problemas. Afirmó que la ingesta de la carne del infante no le resultó agradable, ni mucho menos sabrosa. Al contrario, le supo bastante mal e incluso le produjo arcadas y le hizo vomitar varias veces. La segunda parte de la performance se titulaba “Cerebro enlatado”, y consistía en introducir sesos humanos en recipientes para mermelada. Más tarde, volvió a estar en el candelero con su obra “Skin graft”, en la que cosía un trozo de su propia piel en el cuerpo de un cerdo muerto, en un intento simbólico de sanar el cadáver agregando la piel saludable.(¿?). Anteriormente a estas obras ya instaló un brazo de un muerto momificado en una muestra de arte, al que tituló “Pocket Theology”. La mano pendía del techo de la sala, sosteniendo una soga que recorría toda la instalación.
Lo curioso es que las fotografías de Zhu- Yu devorando al pequeño circularon por Internet causando gran alarma, pues iban acompañadas de un comunicado que denunciaba la costumbre de comer fetos en algunas regiones de China, que los consideraban una auténtica “delicatessen” , y además, aseguraba que incluso en algunos restaurantes se servían estos “manjares” para deleite de los comensales. Este rumor generó una actitud de repulsa y vergüenza a nivel internacional, suerte que el gobierno chino se manifestó a tiempo, desmintiendo radicalmente las graves acusaciones. Tal fue la indignación provocada por este altercado que el Ministerio de cultura prohibió seriamente las manifestaciones artísticas transgresoras de carácter sangriento, violento o erótico, en especial las que incluyeran la manipulación de animales o humanos, vivos o muertos, amenazando con penas de entre tres y diez años de cárcel a los artistas que osaran incumplir estas normas. No solo el arte de Zhy-yu conmovió y sacudió las conciencias de la sociedad oriental, a la vez que él, otra serie de artistas del llamado “arte corporal chino”, se atrevieron con propuestas igualmente arriesgadas e impactantes. Tal es el caso de la pareja formada por Peng Yu y Sun Yuan. En su pieza “Siamese Twins”, los artistas, mediante una transfusión en directo, bañan de sangre los cuerpos de dos siameses muertos, aludiendo a la irreversibilidad de la muerte y la imposibilidad de resucitar. La obsesión de Peng Yu gira en torno a la creencia de que el cuerpo carece de alma, y en otra de sus acciones, llamada “Oil of human being”, inyecta en el cadáver de un niño lo que ella llama “aceite de humano”, y que no es sino un líquido oleoso que exhudan los cadáveres de la morgue. En otra de sus obras, mostraba una columna untada de grasa humana proviniente de liposucciones. La muestra iba acompañada de fotografías que mostraban el proceso de la liposucción del tejido adiposo, así como la preparación de la grasa para embadurnar la columna. Esta obra se parece sospechosamente a la que ya realizara la artista mejicana Teresa Margolles, “Secreciones sobre el muro”, y en la que también utilizaba la grasa obtenida de clínicas de liposucción. ¿Coincidencia?… Quizá una vez más, y como sucede en el cine, el arte se copia a sí mismo. En estas muestras de arte chino, sobre las que además se tiene muy poca información, no parece quedar muy claro el concepto sobre los que los propios artistas intentan sustentar y justificar su arte, parece más bien que se trate de una moda, importada o autóctona, y no parece que vaya a trascender por lo difícil que resulta profundizar en sus registros y sentidos, de dudosa sinceridad. Parece una especie de competición sensacionalista para ver quien logra causar más impacto en el público con sus acciones,
Fuera de los límites de la cultura oriental , también encontramos manifestaciones extremas que tienen como protagonista el canibalismo, aunque no de una manera tan radical. Tal es el caso de la argelina China Adams, que pidió a través de Internet un “donante de carne humana” para una performance, consiguiendo la donación de un trozo de muslo, que cocinó con aceite y ajo y devoró ante una perpleja audiencia. Ya en 1999, la artista permaneció nueve días alimentándose exclusivamente de sangre, proviniente de voluntarios, en una obra que tituló “Blood Comsuption”. El francés Michel Journiac hizo un pastel con su propia sangre (infectada con el virus del SIDA) y lo dio a comer al público que asistió a su acción “Messe pour un corps”.Ron Athey hizo algo similar en una de sus performances, lanzando al público papeles manchados de su propia sangre, también infectada, provocando la estampida del público, aterrorizado ante la posibilidad de contagio.
Los cristianos comulgamos simbólicamente con la sangre y el cuerpo de Cristo, ya adoptamos este ritual como una manera de poseer su espíritu dentro de nosotros. En muchas culturas primitivas, la ingesta de carne humana no supone ningún peligro ni se la considera una práctica amoral. A veces la antropofagia surge cuando la escasez de alimentos la requiere, pero otras veces, el consumo de carne humana alude aritos religiosos o de carácter iniciático. En muchas tribus, devorar el corazón y el cerebro u otras vísceras del enemigo suponía un triunfo para los ganadores, que de esa manera se apoderaban de su energía y su valor.
Otras veces la sangre del fallecido es ingerida, en pequeñas proporciones, por los propios miembros de la familia o tribu, para que de esta manera la carne vieja viva en la carne joven. En los testículos y el pene residía la esencia y la fuerza varonil, mientras que en el cerebro se posaba la sabiduría, y en el corazón y la sangre, el espíritu y el coraje. Esta atracción primitiva por el consumo de la carne humana tiene su significación en las relaciones de poder, en la consumación de la muerte y la perduración de ésta en el cuerpo y en la vida del que la come. Ñam ñam…
En algunas regiones como Papua pervive el canibalismo, donde forma parte de un ritual sagrado que perpetua la vida y recicla la esencia espiritual del muerto en el clan. No ingieren grandes cantidades, sino que lo hacen con pequeñísimas porciones, de una manera simbólica, y además, sienten repugnancia al hacerlo. Las mujeres prueban la grasa del estómago, donde se cree que reside la esencia femenina, y la familia masculina del muerto saborea trozos de los testículos, donde se halla la energía viril. Pero estas manifestaciones arcaicas tienen mayoritariamente connotaciones de carácter ritual y religioso, algo que trasladado a nuestros días carece de sentido, o por lo menos, lo modifica en gran parte. Goya representó a Saturno devorando a su hijo Cronos en una de sus pinturas más oscuras, y Jonathan Swift proponía en su manifiesto “Una modesta proposición”, alimentar a los niños hasta la edad de un año para venderlos como rico alimento. Sostenía que era una inteligente solución al problema de la mendicidad infantil, en una época en la que las familias numerosas no podían permitirse el lujo de alimentar a todos sus retoños, obligándoles a pedir limosna y a robar en las pequeñas tiendas. Vender a los niños a esa edad, cuando están mss deliciosos y tiernos porque solo se han alimentado de leche materna, supondría una gran alivio económico para las familias irlandesas.
La oralidad, la nutrición y el canibalismo está íntimamente ligado a la sexualidad. Basta con recordar expresiones tan habituales y supuestamente inocentes como “está tan buena que me la comería…”, o la canción que popularizaron las Azúcar Moreno “Devórame otra vez…,devórame otra vez…”. De hecho el ritual amatorio empieza con la seducción de las palabras, después con el roce de los labios, de las bocas, mientras los besos y los lametones van ganando intensidad hasta llegar a los dientes. Alguien dijo que un beso no es más que un mordisco que aprendió educación. El ansia de los amantes por “devorarse”, para poseerse el uno al otro en un acto lujurioso y caníbal que parece tener más de sacrificial que de lúdico, tiene su clave en el carácter violento y transgresor del acto sexual en sí mismo, un acto que nos acerca al abismo de la muerte y nos conduce a la disolución, como ya enunciaría Bataille.
Es fácil incluso encontrar referencias al canibalismo en los cuentos de hadas. El lobo, que en versiones como la de Perrault es una metáfora picante, devora a Caperucita Roja después de meterse en la cama con ella… “Abuelita, abuelita, que dientes tan grandes tienes…-¡Para comerte mejor! –contesta el lobo, zampándosela de un bocado. En una versión más grotesca de este relato, titulado “El cuento de la abuela”, el lobo llega antes que la niña y mata a la abuela, pero en vez de comérsela pica su carne y guarda la sangre en una botella. Al llegar Caperucita, hambrienta y sedienta, se dirige a la alacena, come la carne de su abuelita y bebe su sangre. En un aspecto simbólico, este acto representaría el renacimiento de la carne vieja en la carne nueva, la continuidad de los genes de nuestros ancestros, sangre de nuestra sangre. La bruja de “Hansel y Gretel” los seduce con su casita de chocolate y mazapán y los ceba con la intención de comérselos, aunque aquí no encontramos metáfora sexual, si no que alimenta más bien la creencia medieval en las brujas, mujeres que vivían solas, tenían conocimientos de hechicería y devoraban a los niños. En periodos de hambruna, no era raro que desaparecieran niños o jóvenes cuya carne era luego devorada y vendida en el mercado negro, no por las brujas, sino por los ciudadanos famélicos.
Fritz Haarmann, el carnicero de Hannover, un conocido psicópata del siglo XX, engañaba a jóvenes chaperos con la intención de asesinarlos para comer y vender sus trozos en la carnicería que regentaba. Los cuentos de hadas están poblados de ogros y brujas antropófagas, que se comen a los niños o a las princesas. La madrastra de Blancanieves la destierra a un bosque y envía a un cazador para que la mate y le traiga el corazón para comérselo y poseer su belleza. La tradición popular recoge numerosos mitos acerca de este fenómeno y alude a él en numerosas manifestaciones. Los cuentos hablan de nuestras emociones más profundas, son un espejo de nuestras preocupaciones y nuestros miedos ancestrales, de nuestras obsesiones y deseos, y bajo su barniz infantil nos muestran las verdades más esenciales del espíritu humano. Esto es algo que ya señaló Bruno Bettelheim en su libro “Psicoanálisis de los cuentos de hadas”, donde resaltaba el profundo significado que subyace en estos relatos, haciendo especial hincapié en el revelador aspecto sexual de los mismos, como ya haría el psicoanálisis, siguiendo la tradición de Freud.
Pero volviendo a las manifestaciones artísticas de vanguardia, la antropofagia carece de sentido, en el aspecto en que no es necesaria pues no nos apremia la escasez de alimentos. El canibalismo de carácter ritual e iniciático tampoco parece adquirir su significancia en estos actos, despojados de toda devoción religiosa. Más bien atendemos a una necesidad de volver la mirada hacia nuestro propio cuerpo y sus necesidades y urgencias. También nos encontramos ante una mera y simple acción transgresora, la ruptura de un tabú que culmina, no en la representación, sino en el acto mismo del canibalismo. Zhu-Yu proponía algo más que un juego, llamando la atención sobre ese posible hueco de la legalidad y la moralidad hacia la ingesta de carne humana. La chuleta de muslo de China Adams llamaba de alguna manera la atención hacia el mismo punto. Somos dueños de nuestros propios cuerpos, y nadie nos puede prohibir la donación voluntaria de parte de nuestro cuerpo con una finalidad gastronómica, si las dos partes están de acuerdo. El pastel de sangre de Michel Journiac quizá si aludía a la comunión en un sentido más estricto. Como diría Jesucristo: “bebed todos de mi sangre que yo viviré en vosotros”. Claro que Journiac no es Jesucristo, es un enfermo de SIDA, y el terror a la enfermedad, al contagio y a la sangre infectada seguro que a más de uno le impidió disfrutar de la tarta, aunque el fuego y la cocción mata los virus y las bacterias contagiosas que pueden habitar en la sangre. Cuando China Adams se mantuvo durante nueve días alimentándose con la sangre de los donantes, se convirtió en una versión moderna del mito de la mujer vampiro, que se alimenta de la sangre y la semilla del hombre para arrebatarle su fuerza y prolongar su belleza y juventud. El mito de la mujer bebedora de sangre perdura en nuestros años. Antes se creía que la mujer necesitaba de este preciado cáliz para reponerse de las pérdidas menstruales, y era habitual en ciertos enfermos, como los anémicos o los tísicos, el consumo de sangre, que bebían directamente de los animales en los mataderos. Pero el mito del vampiro tiene más de superstición que de hecho científico, si bien es cierto que existe un trastorno psiquiátrico denominado hematofilia, en las que los afectados sienten una gran obsesión, casi siempre de carácter sexual, por la sangre, llegando a autolesionarse o agredir y asesinar a otras personas para la consecución de su placer. En Kassel, Alemania, un hombre se comió a otro al que conoció a través de Internet. Puso un anuncio en el que se declaraba abiertamente caníbal y deseoso de cumplir su sueño de degustar la carne humana, que durante tanto tiempo le había obsesionado. Pretendía contactar con un voluntario con los mismos gustos para reunirse en un lujurioso banquete donde ambos comerían y comoerían partes de sus propios cuerpos. Todo hubiera ido medianamente bien si el inductor no se hubiera excitado de tal manera al ver la sangre que acabó con la vida del otro comensal, del que dió buena cuenta después de muerto. Esto, además de canibalismo, derivó en asesinato y consecuentemente en necrofagia, o sea, el acto de devorar a un cadáver. El canibalismo consentido puede que no esté penado, pero el asesinato sí, por lo que el sádico comilón acabó dando con sus huesos en la cárcel. La historia del crimen ha registrado numerosos casos de asesinos caníbales, casi siempre asesinos de tendencias sádicas que tras torturar, violar y acabar con la vida de las víctimas, devoran partes de su cadáver en un macabro ritual necrófago. En la mayoría de las ocasiones para obtener gratificación sexual, pues el canibalismo patológico está íntimamente ligado a la necrofilia, y otras veces, para retener la esencia y la fuerza de sus víctimas en sus propios cuerpos. Asesinos como Jeffrey Dahmer, que mostraba preferencia por los homosexuales, Dennis Nilsen ,que convertía el ritual en un acto de amor, Ted Bundy, el payaso asesino, Andrei Chikatilo y muchos más que engrosarían la lista. De cosecha propia tenemos a los españolísimos Manuel Blanco Romasanta, (“el hombre lobo gallego”), que mataba a golpes a sus víctimas en la soledad de los bosques para luego despedazarlas y comerlas, y a Enriqueta Martí Ripoll (“la vampira de Barcelona”), que secuestraba a niños de tierna edad para beber su sangre, vendiéndola junto a algunos de sus en el mercado negro, junto ungüentos que hacía con el tuétano de los huesos.
El acto de devorar a otro ser humano tiene un signiicado ambivalente. Por un lado es un impulso de amor incontrolado, por otro lado es un acto de aniquilación radical y de asimilación de un poder extremos. Entre los animales es algo muy común. Alimentarse de un congénere recién fallecido les asegura la supervivencia con la asimilación de proteínas y nutrientes básicos, evitando además que otros depredadores den buena cuenta de ellos. Muchas madres devoran a sus crías más débiles como síntoma de un déficit vitamínico y nutricional o por que no se ven capaces de alimentar a tantas bocas. Solo los más fuertes sobreviven, eso es ley de vida.
No somos animales, está claro, y nuestras neveras y supermercados nos ofrecen alternativas infinitamente más sabrosas y sugerentes que la carne humana, pero la atracción que ejerce sobre nosotros el canibalismo no se puede poner en duda. Exceso, posesión, renacimiento, amor, fuerza, lujuria, muerte, redención, devoción, poder, deseo, repugnancia, aversión… Los sentimientos y sensaciones que nos evocan este último acto sacrificial son múltiples, contradictorias y en ocasiones complementarias. Comer, beber, amar… El sexo, la muerte y la gastronomía han ido de la mano gracias también a la magia del cine, y no solo en sus manifestaciones màs salvajes y evidentes como las que nos muestra una y otra vez el cine de terror, sino de una manera más refinada, en un plano mucho más psíquico e intelectual, dejando traslucir una poesía poco habitual en el tratamiento del canibalismo. Hablamos de directores como Peter Greenaway, cuya obra cinematográfica está poblada de sugerentes alusiones a la carne y al deseo de devorar y ser devorado, mezclando el arte con la escatología como en “El cocinero, el ladrón, su esposa y su amante”, o “El bebé de Macón”.
Jorg Büttgereit nos mostraba en “Necromantic”(1987)y “Necromantic II”(1991) la pasión necrofílica desbordante de una joven, obsesionada por copular con cadáveres. En una escena maestra de la película, la protagonista corta la cabeza de su joven novio en el momento del éxtasis, inundándolo todo de sangre y alcanzando ella de este modo su grado máximo de placer. Las mantis religiosas, después de ser inseminadas, arrancan la cabeza del macho y la devoran en un último y cruento acto de amor, donde el acto sexual se convierte en un ritual sacrificial donde la hembra se erige triunfante y vencedora en ese pulso entre la vida y la muerte.
La historia del arte, y del cine, está poblada de imágenes de mujeres castradoras, como Judith o Salomé (especialmente la versión literaria de Oscar Wilde), que provocó la decapitación de San Juan Bautista al negarse éste a satisfacer sus deseos lascivos, su demanda de amor, amor caníbal, pues al acabar la escena, cuando le entregan la cabeza del santo ya inerte en una bandeja de plata, Salomé la besa, la besa ardientemente como si deseara devorarla para poseerlo eternamente.
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viernes, diciembre 24, 2004

Heroínas pasivas, víctimas glamourosas


Los elementos de costura, como alfileres, agujas, hilares, como en el“Enanito saltarín”, y ruecas como en “La Bella Durmiente”, son habituales en los cuentos, y constituyen herramientas y símbolos que aparecen en los ritos de iniciación femenina de todo el mundo.
Hilar era la labor más absorbente que realizaban las mujeres, sobre todo en Francia, donde los textiles representaron la industria nacional. Se hilaba hasta en los orfanatos, en las cárceles, y hasta las prostitutas hilaban en sus horas libres. En el campo era una labor incesante.
Estas historias orales subidas de tono y de carácter truculento comparten varias cosas: el canibalismo, la escatología, la confusión de identidades y en encuentro en la cama con un enemigo peligroso. Los cuentos de Perrault también hacían especial hincapié en los aspectos morbosos, y estaban destinados principalmente a ilustrar la moral de la corte.
En “Barbazul”, la joven novia de un rico viudo descubre que se ha casado con un asesino en serie, cuando la deja sola en el castillo y le deja las llaves de todas las habitaciones incluida la de una a la que le prohibe entrar. Movida por la curiosidad, desobedece la orden y descubre un esqueleto y restos ensangrentados de sus anteriores esposas colgando de las paredes. Aterrorizada,deja caer la llave y una mancha de sangre indeleble la delata ante el marido, logrando salvarse de su furia gracias a sus hermanos.
La llegada del psicoanálisis trajo muchas interpretaciones de estos cuentos, sobre todo interpretaciones de carácter sexual, de mano de Erich Fromm y Bruno Bettelheim(“Psicoanálisis de los cuentos de hadas”) principalmente.
En los cuentos de hadas más populares, tanto la Bella Durmiente como Blancanieves viven una versión pasiva del rito de paso. Esperan encerradas en altas torres o dormidas,en un estado semejante a la muerte, a ser redimidas de la maldición , hasta que finalmente son rescatadas o resucitadas por un príncipe o figura masculina que las libera del sueño del sarcófago, de la barriga del lobo o del castillo encantado.
Hay que aclarar que los cuentos de hadas no son mitos. Los mitos tratan de lo sagrado, relatan y glorifican las hazañas del hombre y sus triunfos son macrocósmicos, mientras que los cuentos de hadas por lo general se centran en las mujeres y suponen un triunfo doméstico, macrocósmico. Hablan de la familia, de la moral, de crecer y hacerse viejo y de las relaciones entre los sexos. Conforman una ventana única a la contemplación de nuestras preocupaciones más profundas, y a nuestra idea de la identidad social y cultural. Un cuento de hadas tiene lugar fuera de la historia, en un pasado indeterminado.
Entrado el siglo XIX, las feministas se fijaron en el machismo que imperaba en estos cuentos. Mientras los jóvenes emprenden arriesgadas búsquedas y son recompensados con riquezas,a ellas les espera el matrimonio. Ella es amada por su hermosura y no pro otras cualidades, y para lograr el ansiado matrimonio habrá de pasar por humillantes pruebas. Las hermanastras de “Cenicienta”la obligan a vestir con harapos, tratándola como a una esclava del hogar entre la ceniza y la mugre. Los padres de “Rapónchigo”, o Rapunzel, la entregan a una vieja bruja que la encierra en una torre muchos años, torre a la que puede trepar gracias a sus largas trenzas, que más tarde cortará, despojándola así de parte de su encanto femenino, al descubrir que un príncipe la visita por las noches. La celosa madrastra de “Blancanieves” la obliga a marcharse al bosque donde se convierte en empleada de unos enanitos y, tras ser engañada y envenenada por la bruja, cae en un profundo sopor del que sólo despertará gracias al príncipe de turno. En “La muchacha sin manos”, un padre por error promete entregar a su hija a un malvado extraño, y se ve obligado a cortarle las manos y dejarla marchar, mutilada y vendada, para que recorra el mundo como una mendiga.
La sumisión de la heroína es su boleto más seguro para un final feliz,con campanas de boda y muchas perdices. Aunque la heroína es admirada por su belleza, realmente es premiada por su pasividad, en especial la de los Hermanos Grimm. El exilio, el aislamiento, los harapos y la sumisión no es lo peor que deben soportar las protagonistas, lo peor es que con frecuencia se nos ofrece una visión romántica de su asesinato. La excitación que siente el Barbazul de los Hermanos Grimm al contemplar los cadáveres de sus esposas roza la necrofilia. Y el príncipe de la Bella Durmiente cae arrodillado y extasiado ante su cuerpo comatoso. El maromo de Blancanieves propone a los enanos llevarse a la joven fallecida en su ataúd, dispuesto a compartir su vida con el hermoso cadáver.
Para las feministas estos cuentos, que hemos llevado en el estómago y el corazón durante toda nuestra vida como parte de nuestra verdadera identidad, crean en las niñas el sueños de convertirse en víctimas glamourosas.
Simone de Beauvoir escribió en “El segundo sexo”, que “todo un rebaño de heroínas delicadas, golpeadas, pasivas,heridas y humilladass, demuestra a su joven hermana el fascinante prestigio de la belleza martirizada, resignada.”
El fetiche de la mujer muerta, pasiva, como objeto erótico, ha estado siempre presente a lo largo de la historia del arte, alcanzando a las vanguardias. Mujeres vendadas, convalecientes, inmóviles, com las de Slocombe y Trevor Brown, que veremos más adelante, o las muñecas y maniquíes mancilladas o hipersexuadas maquinas de amar propias de los surrealistas, como Bellmer, o sometidas a una mirada más crítica e irónica como las de Cindy Shermann. Las muñecas se hallan en un terreno ambiguo que se encuentra entre la vida y la muerte, la realidad y la fantasía, y en su condición de criaturas inertes, susceptibles de procesos de manipulación y reinvención del cuerpo y sus múltiples posibilidades, han sido motivo de inspiración para multitud de artistas, y elemento fundamental para la creación de obras artísticas relativas a la re(o de)-construcción o perversión de la identidad y la sexualidad femeninas.



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jueves, diciembre 23, 2004

El sadismo de los cuentos de hadas


Ilustración by Trevor Brown

Si echamos la vista atrás, cuando no había televisión, ni cine, ni existia la play-station, la historias de tradición oral y los cuentos de hadas que formaban parte de la literatura infantil eran adornados con considerables dosis de crueldad. Antes de los hermanos Grimm, la literatura infantil no existía, pero tampoco existían los niños en la manera en que hoy los concebimos. Hace siglos, los niños nacían uno tras otro, las madres parían como conejas, y estos morían con frecuencia a muy temprana edad, siendo casi ignorados hasta que habían demostrado su capacidad de sobrevivir. Una vez hecho, se incorporaban de inmediato a las filas de los adultos.
Los niños aristócratas eran vestidos con corsés,chalecos y pelucas empolvadas, y los niños de las clases bajas, que eran mucho menos resistentes y enfermaban con facilidad, se ponían a trabajar en el campo. Se les casaba tan pronto como les fuera posible, para que cumplieran con el deber de procrear.La Revolución Industrial del siglo XIX trajo grandes cambios. Las fábricas y las vias de tren se extendieron y los pueblos a su vez se transformaron en ciudades. Las masas de población se extendieron del campo a los centros fabriles y así nació la clase media urbana y la nueva familia victoriana. Los niños, en vez de marcharse de casa como aprendices, trabajaban en las fábricas y pasaban más tiempo en el hogar, y también se tenían menos hijos. De esta manera comenzó a nacer la noción de infancia como un periodo definido de la vida humana, con sus propias necesidades y características, el juego, la educación y la instrucción moral. Al principio los libros eran un objeto de lujo y eran caros, pero mas tarde empezaron a circular a precios económicos.
A medida que la clase media crecia, la tasa de alfabetización aumentaba. Se empezaron a publicar las fábulas de Esopo, y más tarde las de los hermanos Grimm. Estos no tenían gran interés en los niños ni en sus libros, pues eran académicos preocupados por el lenguaje y el folclore y la preservación del patrimonio cultural, pero encontraron el mercado infantil más lucrativo. Las referencias al sexo, al incesto y al embarazo fueron expurgadas, pero se mantuvieron sin embargo la violencia de los relatos, cuya función principal era hacer más dramática la lucha entre el bien y el mal. El objetivo principal era enseñar moral y buenas costumbres a los niños y promover ciertos valores familiares, como la primacía del padre en el hogar, la disciplina, la obediencia y la piedad.
Por poner un ejemplo, durante años circuló un truculento relato sobre una niña que se comía a su abuela. En el camino hacia casa de esta, la niña se encuentra con un hombre lobo, que al enterarse de su destino, la engaña y la hace avanzar por el camino más largo, el de las agujas, mientras él toma el más corto, el de los alfileres. El avispado lobo llega antes, mata a la anciana, pica su carne,mete la sangre en una botella y se introduce en la cama. Cuando llega la pequeña, hambrienta y sedienta, el lobo la incita a beber la sangre y comer la carne de su abuela, metiéndose después en la cama con el malvado. Al descubrir el engaño al que ha sido sometida, finge que quiere defecar y se escapa, soltando el nudo que el lobo le ha atado a la pierna. En otra versión del cuento, la heroína pasa por un río y una puerta y se encuentra con una mujer ogresa que fríe las orejas de la abuela y cocina los dientes. Las versiones que nos han llegado más actualizadas de Caperucita Roja no son tan atroces, pero no dejan de resultar violentas.

La fascinación por la violencia

El terror y la violencia siempre han sido temas recurrentes de la mitología ,el teatro, la literatura, etc…No es algo nuevo, no se trata de un fenómeno contemporáneo que se haya filtrado a través del cine y los videojuegos que tan preocupados tienen a los padres y educadores. Los césares romanos ofrecían espectáculos sádicos donde los esclavos acababan siendo brutalmente atacados y devorados por los leones en un gesto de pulgar. De la misma forma, las ejecuciones públicas eran del agrado del pueblo, y cientos de personas, tanto adultos como niños, se agolpaban en las plazas para contemplar el macabro evento y ver morir al reo. La horca, el garrote vil, la guillotina, eran métodos de aniquilamiento que si bien resultaban rápidos no por ello dejaban de ser cruentos y la sangre salpicaba el escenario de una manera escandalosa. Por no hablar de los sofisticados instrumentos de tortura con los que se pretendía arrancar confesiones a los sospechosos de brujeria,con nombres tan espeluznantes e ilustrativos como la garra de gato, el aplastacabezas, el desgarrador de senos, la pera oral, rectal o vaginal, y la Doncella de Hierro, una especie de ataúd de metal con forma antropomórfica cuyo interior estaba formado por pinchos que atravesaban el cuerpo pero sin afectar a los órganos vitales, para asegurar así una muerte lenta y dolorosa.
Decir que hemos erradicado estos salvajes métodos sería engañarnos a nosotros mismo. Si bien parece haber aminorado la barbarie, a través de la televisión hemos podido observar las vejaciones y torturas a la que siguen sometidos los presos, especialmente en aquellos países que se encuentran en conflicto bélico.
Hoy en día nos declaramos abiertamente pacifistas, nos movemos a favor de los derechos humanos, nos solidarizamos con las víctimas de la injusticia de los salvajes y abogamos por la desaparición de la pena de muerte, mostrando nuestra indignación por las torturas y las masacres que tienen lugar en países conflictivos e incluso por las situaciones de violencia y maltrato que tienen lugar en la intimidad de los hogares.
Sin embargo, el nivel de tolerancia que mostramos ante la violencia televisiva, especialmente los más pequeños, empieza a ser preocupante. La televisión nos ofrece diariamente imágenes de catástrofes, sucesos espeluznantes, crímenes de guerra, atrocidades varias salpicadas de documentos demasiado gráficos. De hecho, comemos y cenamos mientras visionamos esta ensaladilla catódica de vísceras y pólvora tranquilamente, casi sin inmutarnos, con total normalidad. También es un mecanismo de defensa ante la continua barbarie, aunque principalmente se deba a un proceso de desensibilización.
No solo la pequeña pantalla nos ofrece dosis considerables de violencia, el cine y ciertos videojuegos también aportan su granito de arena y deberíamos plantearnos a que obedece este fenómeno. Nos olvidamos con frecuencia del efecto pernicioso que los mensajes de violencia causan en los menos capacitados para usar la crítica como filtro, o sea, los niños, los deficientes mentales y las personas con rasgos psicopáticos y psicóticos. El fenómeno denominado “triggering”es muy significativo. Sucede cuando un individuo (mentalmente perturbado) se excita con una imagen violenta y acto seguido, se dispara su agresividad, y en un impulso incontrolable la excitación sufrida le lleva a cometer un acto violento. Pero no nos alarmemos, se trata de casos aislados protagonizados por personas con rasgos psicóticos y/o esquizoides. Recordemos por ejemplo el macabro suceso acontecido en Murcia, donde un joven obsesionado con un video-juego(“Final Fantasy”) acabó con la vida de sus padres y de su hermana deficiente mental decapitándolos con una catana. El caso del asesinato de Clara García fue especialmente grotesco al haber sido protagonizado por dos chicas, de quince años. La engañaron para llevarla a un descampado y allí la acuchillaron salvajemente. Cuando confesaron el crimen, alegaron que lo habían hecho “para saber que se siente al matar a alguien”. Las dos pequeñas psicópatas eran niñas retraídas, feas, obsesionadas por la magia negra, y marginadas por el resto de sus compañeros, que las calificaban de “raras, siniestras y estúpidas”.
Sandra Palo fue cruelmente violada, torturada, quemada viva con un euro de gasolina y atropellada varias veces por tres individuos de raza gitana, dos de ellos menores. Los esfuerzos de los padres de Sandra en colaboración con otros afectados por camibar la ley del menor y aplicar penas más duras todavía no han obtenido recompensa.
El temperamento de estos jóvenes serial-killer potenciales se caracteriza por un elevado grado de impulsividad, acompañado de una búsqueda incesante de sensaciones fuertes, ausencia de miedo y remordimientos y una incapacidad innata de ponerse en el lugar del otro. Algunos no distinguen entre la ruptura de una norma social (p.ej. saltarse una clase) y la transgresión de una norma moral (pegarle una bofetada a un compañero)
El golpeo catódico continuado altera la personalidad del niño, especialmente si padece desequilibrios mentales, desfigurando la perspectiva de la realidad y devaluando el valor de la vida. Muchos de estos crímenes cometidos por menores o niños poseen un cierto carácter lúdico, y los perpetradores no son del todo conscientes de la irreversibilidad de la muerte.