lunes, marzo 13, 2006

Sombra aquí, sombra allá.....


“Es la moda juvenil, de la señorita Pepis, es la moda juvenil de la Señorita Pepis”….decía la canción de aquel anuncio. Uuuuh, cómo hemos cambiado... Yo nunca tuve uno de esos maletines, aunque por reyes sí que me regalaban pequeños sets de mentirijillas con un montón de sombras de colores, pero al meter el dedo aquello era puro plástico…Vamos, que era para que las niñas nos “imagináramos” que pintaban. Cómo las pistolas de juguete que no disparan y tienes que hacer tú mismo el bang-bang. Con estas pinturejas tenías que decirle a la otra –“Uy, que guapa te has puesto, querida, y qué labios taaan rojos, vámonos de paseo a lucir nuestros joyones de pacotilla antes de que se nos desconche la pintura plateada-
Recuerdo tener una Gwendolyne, desconozco qué fue antes, si la canción de Julio Iglesias o la cabeza tamaño natural con el set de maquillaje y peluquería. Los colores que portaba la caja eran untuosos, olían a cera Marley y luego no había manera de sacarlo de debajo de las uñas. También incluía botes de purpurina de varios colores y lápices verdes, negros, azules y rojos. Es posible que Gwendolyne fuera la primera muñeca drag-queen. El caso es que estas cabezas sobre la que experimentar acababan hechas un cisco, cuando se acababan los lápices empezabas con los rotuladores y ahí ya no había vuelta atrás…, al final acababan pareciendo payasas borrachas llenas de lunares, bigotes y pestañas enormes con el pelo estufado como la duquesa de Alba.
Cuando llegamos a la adolescencia, queríamos maquilarnos, con pinturas “de verdad”, pero claro, nuestras madres no consentían. Nosotras nos íbamos en comandita al mercadillo de los viernes, donde una gitana tenía un puesto de medias y artículos de maquillaje barateros, todos desparramados sobre una tela de lunares. Hacíamos bulto y jaleo para despistarla mientras las más atrevidas robaban tan preciados tesoros.
Una vez en casa, hacíamos recuento del botín : pintalabios rosa perlado (por entonces se llevaban mucho), lápiz de ojos, rímel azul (sí, azul), polvos de la cara color rosa cerdito (que sentaban fatal, no atinábamos con el tono), sombras de ojos marrones y naranjas, laca de uñas de purpurina (la moda no volvería hasta muchos años después), y por último, una especie de tinaja pequeñita con polvos de esos de terracota, los “Nefertiti”, que eran un invento de Satanás.
Por supuesto, intentamos que el proceso de niña-mujer fuera gradual. Primero nos hacíamos la raya negra del ojo, por abajo y por dentro. Huelga decir que al principio nos caían unos lagrimones como puños. Poco a poco fuimos incorporando los polvos y el pintalabios rosa, y las más atrevidas, los polvos nefertiti para parecer bronceadas. Espantoso, sin embargo, hoy en día todavía se usan.
Por supuesto, el ritual de maquillaje no lo hacíamos en casa, sino por la calle, en los espejos de los coches, o en los baños de los bares. Antes de regresar al hogar, eran imprescindibles los kleenex, para borrar todo rastro de pinturas y que nuestras madres no se percataran. Pero ellas siempre se percatan, ¡anda que no!.Cualquiera no se percataba de esos rosados fondos de maquillaje “Penumbra” de los que se alimentaba nuestro acné, de esas sombras “Carlo di Roma” que dejaban brillo aún después de frotar con gran ahínco. Ni siquiera sabíamos que existían las toallitas desmaquilladoras, nosotras nos lo quitábamos con el tissue, a pelo…
Después llegó Pinaud con sus módicos precios y nos cambió la vida, a nosotras y a nuestros granos. Recuerdo las colonias juveniles de la época, Ragazza, Farala, y don Algodón.
(“tenemos chica nueva en la oficina, que se llama Farala y es divina”). Nadie se acuerda de cómo sigue la canción…, pero salía una chica muy pizpireta con minifalda y melena leonina provocando gran algarabía, miradas lascivas y silbidos de admiración entre los chicos de la oficina. Ahora quizá ese anuncio nos resultaría sexista.

También estaba “tu primera colonia Chispas” pero estaba dirigida a un público más infantil, y el anuncio era de lo más pastelón. “Tu primer amigo, tu primera canción, tu primer trabajo, qué duro es-(y aparecía un niño pintando una verja).

En fin, chicas, que ya no somos unas niñas, que alguna vez seremos madres, y algún día nuestras hijas serán adolescentes, y , bueno..., las cosas no son como antes, ni los niños son tan inocentes ---no lo quiero ni pensar, tengo miedo, mucho miedo....





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